PREMIO PABLO PARA JUAN BLANCO EN EL IX SALON Y COLOQUIO DE ARTE DIGITAL

Al decidir la entrega de su distinción mayor a Juan Blanco, compositor y activo defensor de la imaginación y la investigación como herramientas indispensables para la creación artística, el Centro Pablo hizo justicia a la creación de este reconocimiento, que fue fundamentado con las palabras que siguen en el momento de su instauración.
PREMIO PABLO
El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau decidió instituir, en 1998, el Premio Pablo, que será otorgado, por una sola vez, a personalidades e instituciones cubanas y de otros países que se hayan destacado en investigaciones, obras de creación y acciones encaminadas a promover y defender los valores de la identidad cultural y la solidaridad entre los pueblos.
El Premio también será otorgado a personalidades e instituciones relacionadas de alguna forma con la vida y la obra de Pablo de la Torriente Brau --cronista incesante, creador imaginativo, luchador antifascista y antimperialista-- y que hayan hecho suyos esos valores en el mundo de hoy.
El Premio quiere enfatizar las premisas éticas, humanas y comprometidas de Pablo, legadas en sus textos y en su propia trayectoria de vida que pasó, rauda e intensa, por tres décadas iniciales de nuestro siglo, dejando ejemplo y luz para estos tiempos que corren y para el milenio que ya se avecina. Entre esas premisas se encuentran, sin dudas, el reconocimiento de dos fuentes esenciales de su formación confesadas en textos memorables. Pablo aprendió a leer en las páginas de La Edad de Oro de José Martíy destacó en el prólogo de su primer libro, los Cuentos de Batey, la herencia ética recibida de su abuelo, don Salvador Brau, quien había declarado con dignidad y entereza que "a los hijos hay que darles, antes que pan, vergüenza".
Al instituir el Premio Pablo, en este final de siglo lleno de sombras y de luces, en que se ha llegado a anunciar el fin de la Historia, tenemos por suerte de nuestro lado la historia personal y formidable de aquel hombre que nos dejó en su correspondencia vibrante estas palabras aleccionadoras:
No tengo nunca miedo de escribir lo que pienso, con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones. Le basta con tener un solo filo bien poderoso y tajante que le brinda la interna y firme convicción de mis actos. No me importa nada equivocarme en política porque sólo no se equivoca el que no labora, el que no lucha.
Ese filo es, al mismo tiempo, el del saber y el del compromiso, el de la inteligencia y el de la capacidad para pensar con cabeza propia los problemas de nuestro tiempo. Así nos lo enseñó Pablo. Así queremos reconocerlo y hacerlo nuestro con este Premio que lleva su nombre memorable y querido.