APRENDER, ENSEÑAR, APRENDER OTRA VEZ
Cinco salones de arte digital han construido, imagen tras imagen, debate a debate, una memoria de esa manera de mirar y expresar el mundo entre nosotros. Este VI Salón que ahora comienza es, al mismo tiempo, resumen y adelanto.
Desde las 36 propuestas cubanas recibidas en 1999 hasta el centenar de artistas de la Isla que enviaron sus obras impresas a este VI Salón hay mucho más que una razón numérica. Aquella invitación lanzada entonces a favor de la imaginación y la belleza tuvo -y tendrá- el valor irrepetible del primer riesgo asumido con entusiasmo y a conciencia. Los resultados del Salón nos demostraron que había creadores que comenzaban a transitar estos caminos vinculados a las nuevas tecnologías informáticas y de comunicación. Creaban (digitalmente), luego existían.
Hoy nos alegramos de aquel descubrimiento. Pero nos satisface más aún que los salones hayan contribuido a la aparición de algo más importante: una creciente cultura digital entre nosotros. Los Salones han sido descubridores de artistas y formadores de público. Han ofrecido herramientas para aprender a mirar. Han propuesto mirar, disfrutar, analizar.
Los coloquios y los cuadernos Memoria dedicados anualmente al arte digital han sido instrumentos de ese proceso enriquecedor y fértiles reservas de la memoria compartida. Ellos han documentado los debates y han dado espacio a las imágenes que los animaron.
Animados por la colaboración y la solidaridad, los salones han sido ventanas abiertas a la búsqueda estética, a las interrogaciones imprescindibles del arte. Para enfatizar esa vocación y fortalecer uno de sus caminos de expresión más eficaces y sugerentes, hemos incorporado el video digital como categoría concursante y premiable desde hace dos ediciones.
A partir de este VI Salón, el video tendrá, en años alternos, el protagonismo mayor del evento, combinado con la presencia estable y creciente de las obras en el territorio multiplicado e inabarcable de la Red.
Los salones de arte digital nos han permitido aprender, enseñar, aprender otra vez. Esa es la espiral maravillosa y exigente que queremos proponer como camino de la creación, del conocimiento, del aprendizaje y del disfrute.
Víctor Casaus |