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LA CALLE MURALLA, FORTALEZA DEL ARTE DIGITAL |
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| Por la imaginación y la belleza |
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Víctor Casaus es Director, desde 1996, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y es presidente del Comité Organizador del X Salón y Coloquio de Arte Digital. GENESIS Galerías de Arte cooperó dentro de la organización del evento con la presentación de una carpeta que documenta aquella aventura que ahora cumple su primera década, reuniendo las principales obras ganadoras en estos certámenes. La misma fue presentada en una de las sesiones del coloquio teórico sobre el Arte Digital. El amigo Víctor, compartió algunos criterios con Opus Habana y por su relevancia lo hemos traído a las páginas de nuestra publicación. (N. R.)
¿Qué exigencias socioculturales caracterizaban el momento cuando se decide convocar por primera vez el Salón de Arte Digital?
El momento cuando aparece el Salón es todavía un período virgen del arte digital en la cultura cubana. Esa es una de las alegrías nuestras, después de 10 años pues fue —como dice el lema del Salón y del Centro Pablo en su conjunto— una apuesta a favor de la imaginación y la belleza.
La palabra apuesta no era casual. Si bien en otros programas como A guitarra limpia reanimamos a finales de los años 90 una manifestación cultural (la nueva trova) que existe con mucha fuerza desde la década de los 60, en el caso del arte digital no se trató de reanimar nada, porque no se puede hacerlo con lo inexistente. Por eso es que decimos fue una apuesta, pues no sabíamos si iba a funcionar o no.
La exigencia mayor que tuvimos en el Centro Pablo fue esa vocación de crear espacios nuevos, de buscar lo nuevo y de apoyarnos en los jóvenes para realizar los programas que llevamos a cabo. Fue una apuesta contra la rutina, contra la repetición, a favor —como ya dije— de la imaginación y de la belleza.
¿Pudiéramos decir entonces que la línea de trabajo del Salón se adecua dialécticamente a las otras líneas del Centro de promover el estudio de la memoria y el enriquecimiento de la trova?
Si se lograba un espacio, buscábamos crear entonces una comunidad de artistas. Esa ha sido una de las características del trabajo del Centro. No ha sido producir solamente actividades culturales o espectáculos con utilidad para su momento, sino, por un lado, crear espacios estables para esas manifestaciones además de una comunidad de artistas alrededor. Uno de los ejemplos más amplios es A guitarra limpia y los trovadores. Ha sucedido también con los investigadores del tema de la memoria, los memoriosos como les decimos, a través del Premio Memoria y nuestra editorial. Asimismo con los artistas plásticos alrededor de la galería Majadahonda, y ha venido pasando con el arte digital.
Apareció con la característica de que era un descubrimiento mutuo entre los futuros artistas digitales que se encontraban en 1999 con una convocatoria que los llamaba a participar en un Salón de esa índole y el aprendizaje de nosotros mismos en el Centro, pues aquello era nuevo para nosotros también. Y no nos da pudor decirlo.
El nacimiento del Salón tiene que ver con la figura de Pablo de la Torriente Brau, dato que me gusta subrayar. En Puerto Rico, en 1997, durante una jornada dedicada a Pablo, unos artistas digitales portorriqueños hicieron una exposición titulada Un lienzo para Pablo en el Centro Cultural Ramón Avoy Miranda, de San Juan. Aquello fue para nosotros un descubrimiento total, por lo novedoso, por el hecho de que eran jóvenes, que se lo dedicaba a Pablo de la Torriente Brau. Los invitamos a venir a Cuba y ellos hicieron un taller con esa exposición, al que concurrieron los que serían los primeros artistas digitales cubanos. La creación de ese espacio tiene para nosotros una importancia enorme porque también se relaciona con el tema de la memoria, que para el Centro no es un adjetivo que ponemos en un proyecto o un programa, sino un concepto que está en todo nuestro trabajo. Partimos de una idea de recuperar la memoria del ayer, a partir de los programas de investigación, de los libros y, al mismo tiempo, estamos creando la memoria de mañana. Cuando dentro de 20 años, la gente se pregunte cómo nació la nueva generación de trovadores de los años 90 y 2000, el punto de partida serán esas grabaciones que están conservadas aquí, las imágenes, los discos… O sea, ese sentido de que la memoria no es algo estático, arqueológico, que hay que buscar atrás —que también es importante para rescatar lo que pasó—, pero es también mantener la conciencia de que estamos produciendo la memoria de mañana en los hechos culturales que creamos.
Usted habla de artista digital como concepto. A la distancia de 10 años de trabajo y vicisitudes, ¿cómo valora la influencia del arte digital en la evolución de las demás manifestaciones en el universo artístico cubano contemporáneo?
Yo creo que ha existido una influencia —recíproca además— entre el arte digital y las llamadas manifestaciones convencionales de las artes plásticas y de otras que no se incluyen dentro de las artes visuales. En el Centro nosotros hemos partido de una idea, que el tiempo ha logrado confirmar: la conciencia de estar en una época, en términos generales, en que las fronteras se van difuminando, se van perdiendo. Eso sucede mucho en la cultura. No vivimos tiempos de compartimientos estancos, donde cada cual vive en su casillero, en su nicho, sino que las artes tienden a crear unas interrelaciones entre sí que son, en sí mismas, creadoras de nuevos lenguajes, de nuevas obras diferentes a los lenguajes y las obras que las hicieron posibles. En este caso es un proceso de creatividad y no de suma.
Siendo esa fusión la poética política del Centro, como le llamamos, hemos acompañado nuestras exposiciones, de arte digital y otras, con conciertos de trovadores, haciendo coincidir estas maneras aparentemente diferentes de ver la realidad. Y el arte digital ha sido, porque está en la esencia misma de ese arte, muy dúctil a ese proceso de apropiaciones mutuas.
Ahora en este X Salón, hemos dedicado gran parte de su concepción y de su coloquio al vínculo entre el arte digital y la fotografía, al incluir dos exposiciones fotográficas además de un momento para debatir esos dos proyectos. También las relaciones entre el arte digital y el diseño gráfico, que son tan cercanas a veces que se mixturan completamente, y el nexo del arte digital con la plástica. La relación con el diseño está en la exposición 10 x 10: diez diseñadores de diferentes generaciones homenajeando los 10 años de permanencia del arte digital cubano.
En el caso de los artistas de la plástica habrá algo de mayor integración, pues es el proyecto que el Centro ha organizado con Luis Miguel Valdés, director de un taller de gráfica muy importante en México, llamado La siempre Habana. Luis Miguel fue uno de los pioneros del arte digital cubano cuando era profesor del Instituto Superior de Arte (ISA) en la década de los 80 y nosotros siempre hemos querido reivindicar, reconocer ese carácter fundador que él tuvo allí, junto con Frémez y otros artistas. Por eso la exposición Homenaje, inaugurada en el Taller de Gráfica el lunes 2 de noviembre, dedicada a ellos dos como fundadores de ese arte y a la relación entre el arte digital y el grabado, específicamente. Esto nos permite ver cómo dos creadores de esa talla trabajaron a partir del grabado tradicional, cómo transitaron de una técnica a otra.
En esos tres elementos —la fusión entre el diseño gráfico, la plástica y la fotografía— radica la promoción de esa idea de reflexionar sobre la manera en que el arte digital es capaz de interrelacionarse, muy creativamente, con otra formas se producción artística.
(Tomado de www.galeriascubanas.com)
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| Se eleva el arte digital cubano |
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Por Isachi Fernández Fernández
“Mucho de lo que se soñó en la década de 1960 acerca de la democratización del arte, de la sociedad en la que todos seríamos un poco creadores, lo que soñaron las vanguardias sobre desmaterializar la obra, que prescindiera de su condición de objeto comprable y pudiera estar en todas partes, se da naturalmente en el mundo digital, que es, además, en el que menos está presente el mito del autor”.
Las palabras anteriores pertenecen al creador cubano Ángel Alonso. Fueron defendidas en entrevista exclusiva para Cubarte tras el X Salón y Coloquio de Arte Digital que organizó el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y en el cual Alonso participó en calidad de jurado.
¿Cómo aprecia la evolución de estos salones?
El Centro Pablo ha ido poniendo filtros, decantando. En las primeras ediciones se aceptaban todas las obras recibidas. Hemos ganado mucho en exigencia y el X Salón no tiene nada que envidiarle a eventos internacionales de primera línea. Los creadores que trabajan con la computadora muchas veces no provienen de escuelas de arte, traen otro tipo de background, y no se pueden evaluar bajo los mismos códigos. Pasa algo similar con la música electroacústica y la melódica. No son los mismos códigos de comunicación y recepción de la obra. Es un fenómeno complejo que apunta también a otros mecanismos de distribución del arte. La pieza se distribuye en internet, no necesita galerías…
¿El mercado del arte cómo funciona en estos casos?
Siempre habrá mecanismos: se pueden hacer páginas en la que el acceso sea pagado, puedes vender copias de videos, las impresiones digitales no son gratis. Pero lo más importante no es esto, sino la posibilidad que confiere el arte digital de no seguir pautas tradicionales, como las de trabajar para una exposición. A través de los medios digitales se desarrolla un mundo en el cual la creación artística está presente incluso sin conciencia de ello cuando se toma como un juego común, como un pasatiempo sin trascendencia.
Es importante la labor al respecto del Centro Pablo de la Torriente donde hay un ambiente muy constructivo para la creación, prima la solidaridad y el artista es bien recibido al margen de la jerarquía que impone la fama. Los salones y coloquios han favorecido mucho este tipo de trabajo, pero hay una zona de la creación digital que está escondida aún porque las categorías que tenemos son obra impresa y audiovisual, lo que equivale a un límite para artistas que quieren hacer interactivos, art-net, video-juegos…
¿Hay algo distintivo este año?
Nos ha llamado la atención que el Salón ya no sólo convoca a artistas emergentes y que creadores ya conocidos hayan enviado obras. Ha sido muy importante también la eliminatoria, que permite exponer sólo la selección del jurado.
¿Cuáles son los límites? ¿Si alguien presenta una foto tomada con una cámara digital, se acepta en el Salón?
Se trata de obras de artes visuales en las cuales los medios digitales han sido protagonistas. Una fotografía en la que se utilizó una cámara digital, pero que el medio no le aporta nada a su carga semántica, carece de interés para el Salón. Privilegiamos piezas que aunque hayan sido trabajadas digitalmente sólo de modo parcial, esos recursos sean decisivos en el resultado final. Pero bueno, el artista generalmente hace su obra sin pensar en etiquetas.
El término “artista digital” ha sido muy utilizado, pero también muy atacado, ¿se reconoce como tal?
No puedo definirme como un artista digital, lo principal que hago es pintar en el sentido tradicional. Respeto el término, aunque no me defina. No me inquieta que un salón con obras de arte elaboradas por medios digitales se llame así.
Empecé jugando, ilustrando mis mensajes. Cuando llegué a Cuba tras una ausencia de cuatro años, conocí esta institución y los salones, en los que participé y fui laureado. Luego de obtener el mayor premio de audiovisual en el quinto Salón, empecé a intervenir como jurado. Me confiaron también la curaduría de exposiciones cuando vieron que yo tenía una preparación teórica. Me relacioné entonces con el Salón desde dentro, como parte del equipo técnico, para hacer exposiciones colaterales y proyectos que incluían a otros artistas.
Al margen de su condición de jurado, usted enriqueció la oferta cultural como artista, ¿qué aportó?
En una muestra colateral estrené el video Dinero y cabezas, un trabajo de animación que si lo comparamos con mi obra anterior, está más cerca del cine. Es una metáfora del ridículo a que puede llevar la comercialización al extremo. A partir de ahí se arma una trama y nos burlamos un poco del lenguaje de las telenovelas o del cine más barato.
¿Hay que esperar a la Bienal de La Habana para ver sus obras?
Puedo presentarlas cada vez que una institución me invite. No hay que esperar a los grandes eventos. Próximamente, por ejemplo, mostraré el video en Alamar en el festival Poesía sin fin. Me han propuesto también exhibirlo en Xcentric, el cine del Centro Cultural de Arte Moderno de Barcelona. Además pude mostrarlo en el Centro Cultural Fresa y Chocolate del ICAIC ante un público que duplicó mis expectativas.
Después de Dinero y cabezas, ¿qué se puede esperar de Ángel Alonso?
Hice un cartel para una muestra colateral al Festival de Cine que se celebrará en Cuba en diciembre próximo. Nos convocaron a hacer carteles sobre películas que ya se exhibieron. El mío fue a propósito del largometraje Alicia en el pueblo de Maravillas, de Daniel Díaz Torres. Al margen de eso, estoy en una etapa necesaria: la de recibir carga nuevamente.
(Tomado de Cubarte) (11 de noviembre 2009)
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| Fiesta por la imaginación y la belleza |
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Valora el décimo Salón de Arte Digital la argentina Alicia Candiani, una de las artistas más reconocidas del continente en esa disciplina
Por Maya Quiroga (cultura@bohemia.co.cu)
Especial para Bohemia digital (10 de noviembre de 2009)
Encontré a la también investigadora de la gráfica contemporánea inmersa en los toques finales de su exposición Jouissance, que se puede apreciar durante un mes en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos) ¬más conocido por Fresa y Chocolate. Alicia Candiani (Buenos Aires, 1953) visitaba Cuba como invitada especial al décimo Salón de Arte Digital, celebrado entre el 3 y 6 de noviembre pasados.
Jouissance está compuesta por una instalación narrativa inspirada en algunos textos del escritor Milán Kundera y seis fotografías digitales manipuladas, montadas sobre vinilo e impresas en sistema lambda, novedoso proceso que permite grandes tamaños de impresión.
“Mi muestra incluye mujeres y mercados de distintas partes del mundo. Nació a partir de una invitación para participar en la VI Bienal Internacional de Gráfica Contemporánea en Québec, Canadá, donde me propusieron realizar una instalación en un parque. Como siempre empleo textos en mis obras, esta vez los escribí en francés”.
“Comencé a leer sobre el concepto de jouissance, que significa en francés, gozar, disfrutar. Tiene que ver con el placer sexual. El término fue usado por el psicoanalista Jacques Lacan, por el feminismo francés temprano y por la sociología de fin de siglo. Es una palabra con una intensa carga emocional relacionada con la propiedad de una mujer sobre su cuerpo, con el medio ambiente y los sentidos: tocar, amamantar, el contacto físico con un hijo”.
“Me apropié del concepto para incluir, además, las diferencias con el otro. Así entran las fotos de los mercados donde, para mí, se muestran los elementos fundamentales de una cultura: comida, religión, sonidos. Por eso la mezcla de esos centros comerciales y los cuerpos femeninos.”
La tierra de mis amores
Alicia ha visitado Cuba en cuatro ocasiones. Esta tierra y su pueblo la seducen por su alto desarrollo cultural. “En estos días he visto trabajos muy interesantes de artistas cubanos. Camino por La Habana como si fuera mi casa, porque la conozco bastante y en cada esquina tengo un amigo. Siempre es un placer volver acá”, afirma emocionada.
La creadora conoce de sobra el quehacer del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y sus Salones de Arte Digital, un sueño visionario que materializaron, hace una década, María Santucho y su esposo, Víctor Casaus, poeta, cineasta y director del Centro Pablo de la Torriente Brau.
Desde 1999 hasta la fecha, el Salón ha crecido en calidad y cantidad de participantes. Así lo considera la Candiani, pionera en el empleo de técnicas gráficas alternativas e imágenes digitales.
“De los diez salones he participado en nueve. En el 2000 me entero de su existencia por un amigo de Puerto Rico que me envía las bases. Le escribo a Víctor sobre mi trabajo y mi interés en participar. Al poco tiempo María y él viajan a Argentina y visitan mi estudio. Así comienzo a organizar la presencia argentina y los contactos internacionales”, recuerda la artista que incursionó en el arte digital a principios de 1990, luego de estudiar la especialidad en la Iowa State University, de Estados Unidos.
¬A su juicio ¿qué han significado estos Salones para el desarrollo de la disciplina?
¬“Si no fuera por el Centro Pablo hoy el arte digital sería un eslabón perdido dentro del arte cubano contemporáneo. Aunque la Bienal de la Habana es muy importante a nivel continental y global, el Salón constituye un incentivo muy grande para los artistas. Los medios digitales son caros y el acceso difícil en casi todos los países, sobre todo en Latinoamérica”.
“En el caso de los latinoamericanos nos expresamos de una manera muy particular, llena de creatividad, donde empiezan a jugar otros valores estéticos conceptuales. Creo que este es el único salón de arte digital en América Latina. No conozco otro. Dentro de 30 años va a ser historia”.
¬¿Qué le falta ahora para alcanzar su total madurez?
¬“No debemos planteárnoslo en esos términos. Ha ido creciendo de acuerdo con los tiempos. El arte no es un proceso lineal. El Centro Pablo ha instaurando un tema en la sociedad, en el arte cubano y en el latinoamericano, que en su momento era desconocido y hasta despreciado. Lo ha colocado a nivel de objeto artístico”.
Alicia ha sido reconocida internacionalmente por sus investigaciones teóricas sobre la frontera digital en América Latina. A propósito del tema disertó en el coloquio teórico del X Salón de Arte Digital.
¬Uno de los temas abordados en el coloquio teórico fue la interrelación entre la tecnología digital y el resto de las artes. ¿Cómo ve usted hoy este proceso donde se desdibujan las fronteras entre distintas disciplinas?
¬“Lo importante es lo que uno quiera expresar. De acuerdo con eso cada quien elige una técnica acorde con su discurso. El arte contemporáneo tiene fronteras borrosas en donde la escultura, la pintura, el video, la fotografía, la instalación, los medios digitales se interrelacionan”.
“El X Salón constituye un punto de inflexión. Hace diez años era preciso explicar conceptualmente el arte digital y su importancia. Hoy está presente en todas las bienales internacionales y se ha instaurado en los circuitos del arte contemporáneo. Es algo que debemos defender.”
¬¿En estas nuevas fronteras se incluyen el video arte y las video instalaciones?
¬“Seguro que sí. El video, la fotografía y el grabado, antes de la aparición de los medios digitales eran cotos y guetos cerrados, por la laboriosidad de la técnica. Los grabadores guardaban el secreto de sus recetas, los fotógrafos empleaban el blanco y negro, con los medios tonos, los brillos”.
“Hoy los medios digitales han facilitado aparentemente la labor. Quienes no manejan las herramientas no tienen idea de lo difícil que resulta la impresión de un color con el gramo deseado. Pero de alguna manera son más accesibles para los que tienen una educación plástica y visual.”
¬¿Cómo se presenta el arte digital en los medios audiovisuales, la televisión y el cine?
¬“Los videos han instaurado otra manera visual de trabajar. También es parte de lo que está haciendo el arte contemporáneo. Estamos en una cultura principalmente visual, rápida y de consumir imágenes permanentemente. Leí en una publicación que pasamos de la cultura de leer a otra donde el conocimiento se da de manera absolutamente visual”.
¬Recientemente Víctor Casaus afirmaba que usted ha crecido como artista a lo largo de estos diez salones y se ha convertido en una figura puntera en el continente.
¬ “En 1990 trabajaba la gráfica en el taller de grabado. Al lado estaba el laboratorio digital y dije: voy a estudiar esto porque es bueno aprender algo más. Nunca pensé que lo iba a incluir en mis nuevas obras”. Cuando regresé a la Argentina, hace quince años, y traté de demostrar en la Academia de Bellas Artes mis experiencias con la tecnología digital, todo el mundo se espantó”
“Lo que me destacó fue el conocimiento que adquirí de estas herramientas en Estados Unidos. Eso me dio un poco más de ventaja sobre mis colegas. Evidentemente que el estudio sistemático y dedicarle cada vez más tiempo a tu profesión por supuesto que te hace crecer como artista y ser humano”, afirma quien ha incorporado los medios digitales a su obra creativa, combinando tanto las técnicas de grabado tradicional como los sistemas de impresión industrial”.
Alicia es asesora permanente en el área electrónica del Museo de Arte Moderno y formó parte del Consejo Asesor para la primera colección de video arte del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina.
En estos momentos participa en INGRÁFICA, el Segundo Festival Internacional de Grabado Contemporáneo con sede en la Ciudad de Cuenca, España. El evento se desarrollará hasta el venidero 13 de diciembre. La creadora fue invitada para impartir en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha, junto a la profesora española Míriam Cantera, dos talleres paralelos sobre técnicas litográficas tradicionales y con planchas de poliéster o aluminio, además de la variante de litografía sin agua.
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| “Sin gritar eureka, pero igualmente emocionados” |
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Valora Víctor Casaus el X Salón y Coloquio de Arte Digital
Por Vivian Núñez
Víctor Casaus tiene muchos sueños. Los sueña despierto, andando por su ciudad, haciendo sin descanso, rompiendo bloqueos y esquemas, desde el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Ayudar a descubrir, primero, y consolidar después al Arte Digital entre los cubanos es uno de esos sueños. Acaba de hacerlo realidad plenamente.
“Este X Salón y Coloquio de Arte Digital ha confirmado una verdad inicial e importante: el arte digital existe entre nosotros. Lo hemos hallado, junto a los artistas digitales cubanos que nacieron y se formaron en estas diez jornadas y a los artistas internacionales que nos han acompañado, sin gritar ¡Eureka!, pero igualmente emocionados por la aparición de lo nuevo: no de lo que va a venir, sino de lo que ha llegado”.
Del 2 al 8 de noviembre se desarrolló el X Salón. La parte vieja de La Habana, rejuvenecida con esta forma de creación, y otras zonas de la capital fueron escenario de exposiciones, coloquios, muestra de audiovisuales, acciones plásticas de todo tiempo, en la que las artes de fundieron, haciendo desaparecer las fronteras.
Casaus recuerda esos tiempos fundacionales, cuando muy pocos creían en el Arte Digital. Era 1999, un año difícil en la Isla, inmersa todavía en la mayor crisis de su historia eufemísticamente llamada Período Especial, cuando las computadoras eran reducidas y mayoritariamente llegadas a través de donaciones de amigos.
En medio de esas carencias Víctor, Abel Casaus, la coordinadora del Centro, María Santucho, y el resto de los trabajadores de la institución se lanzaron a esta aventura, a la que se fueron sumando, poco a poco pero decididos, creadores cubanos y artistas de todas las latitudes.
“En las palabras para el catálogo de uno de los salones, Abel Casaus -que los fundó junto a mí y a María, con la participación del pequeño equipo del Centro Pablo- comentaba: De estas experiencias han surgido amigos, enemigos y planetas. Este X Salón puede confirmar aquella verdad temprana: aquí estuvieron los amigos, que han crecido (artistas digitales, plásticos, diseñadores gráficos, fotógrafos, periodistas...) celebrando la fiesta de todas y de todos, incluso de los (pocos) enemigos atrincherados en la ignorancia, los papeles innecesarios o la oblicuidad. Y los planetas... bueno, los planetas siguen girando a pesar de los segundos, bajo la gloria humana y electrónica del arte digital en esta apuesta interminable a favor de la imaginación y la belleza”.
Estuvieron por estos días en La Habana amigos como la argentina Alicia Candiani con su exposición Jouissance y su ponencia Nuevos medios, viejas historias: la presencia de los medios digitales en los circuitos internacionales del arte contemporáneo, y sobre todo con su experiencia y sabiduría: “Creo que este Salón va a ser un hito, un quiebre, porque en una década han pasado muchas cosas en relación con el arte digital. Al inicio ni siquiera era visto como posibilidad y ahora está instaurado en los medios como disciplina artística”.
También, entre nosotros, el mexicano Pedro Meyer, destacado exponente de la fotografía mexicana contemporánea, quien incentivó la polémica en el Coloquio con su exposición sobre los libros del futuro, en la que llamó a prepararse, sobre todo las mentes y con urgencia, para las nuevas formas de creación que ya se imponen. Su exposición Fotografías recientes demostró, si hiciera falta, por qué es un referente, y muestra, como comentó la crítica de arte Carina Pino Santos, “la contemporaneidad de su labor, aplicando las nuevas tecnologías digitales”.
Y no podía faltar en esta fiesta uno de los pioneros del Arte Digital en la Isla, Luis Miguel Valdés, quien comparte su vida y su obra –que es casi lo mismo- entre Cuba y México, donde tiene su taller La siempre Habana. A Luis Miguel y a otro iniciador, que fue José Gómez Fresquet (Frémez) se les dedicó la muestra Homenaje, en Taller Experimental de Gráfica de La Habana, donde ambos dejaron su impronta.
Compartió esta experiencia creativa, asimismo, el catalán Xavier Pintanel, director de CANCIONEROS.COM, el diario digital de la canción de autor más visitado en Europa, quien presentó y participó en la ponencia del joven fotógrafo español Juan Miguel Morales titulada Fotografiar música. Mundo analógico y mundo digital: dos cuerpos diferentes con un mismo espíritu. Aunque Juan Miguel no pudo estar físicamente en el Salón, sí lo estuvo gracias a su exposición Caminos.
Anteriores ganadores de los salones como Ángel Alonso, Katia Hernández, Enrique Smith y Orlando y Eduardo García (integrantes del proyecto Siamés) expusieron en esta décima edición. Además se dio a conocer la exposición Ciertas visiones, con fotografías de algunos de los diseñadores norteamericanos que, junto a artistas cubanos, dieron vida durante cinco años al proyecto Sharing Dreams/Compartiendo Sueños.
Tampoco podía faltar en este Salón la presencia del cartel, ese que ha documentando durante tantos años la historia nacional. Así, colgados de los balcones del Centro, hacia el patio de las yagrumas, se mostraron el martes 3 las obras que conforman la muestra 10 x 10: 10 años de Arte Digital. “Diez carteles y un único mensaje: celebrar y perpetuar lo realizado en estos nuevos, inquietantes territorios de la creatividad”, aseguró el profesor y crítico Jorge Bermúdez. Un día después se presentaron otros dos: el dedicado a los diez años de Arte Digital, realizado por el Premio Nacional de Diseño Gráfico, el maestro Héctor Villaverde, y el centrado en este X Salón, del joven profesor de la Universidad de la Ciencias Informáticas, Leriam Jiménez, ganador del primer premio en la categoría de Obra Impresa en 2007.
El cierre del X Salón y Coloquio de Arte Digital fue una reafirmación de la fusión entre las artes. Convocados por Luis Miguel Valdés y por el fotógrafo mexicano Juan San Juan –quien también viajó a La Habana para participar en el evento-, artistas plásticos cubanos –digitales o no- dibujaron sobre unas lonas que tenían fotos digitales de San Juan. Allí, en las terrazas del Centro Pablo, 30 artistas compartieron imaginación y razones, dando fe de lo que Casaus había afirmado días antes:
“Diez años después de nacidos estos Salones de Arte Digital, que abrieron espacios de expresión, difusión y debate a los artistas cubanos y acogieron la presencia siempre enriquecedora de creadores digitales de más de treinta países, confirmamos con alegría y orgullo que estas nuevas formas de creación artística llegaron para quedarse en el vasto panorama de la cultura cubana y que, juntos, hemos hecho este sitio de creatividad, participación y resistencia cultural”.
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| El Arte Digital, el taller La Siempre Habana y los artistas cubanos |
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Por Carina Pino Santos
Las imágenes estaban allí, muy nítidas y reconocibles para todos: tórculos, prensas, formas y figuras que habían sido talladas en grabados —ahora aumentadas mil veces por el lente—, pinceles, tintas, gubias, matrices, herramientas e instrumentos habituales en todo taller de gráfica de hoy. Sin embargo, las veíamos transformarse en máscaras puntillistas, viejitos durmiendo sobre sombreros de raras damas del siglo XVII, extrañas criaturas, abstracciones, mujeres pop con gafas, sirenitas ínfimas, torniquetes, papirotes, y así, en una lista sinfín de trasmutaciones sin nombre.
¿Qué estaba sucediendo ante nuestros ojos? Treinta artistas trabajaban sobre tomas digitales de la cámara de Juan San Juan, fotógrafo y editor de gráfica digital mexicano quien las amplió e imprimió en 15 telas con imprimatura que viajaron desde Coyoacán, México, o sea fueron traídas del Taller La Siempre Habana del artista cubano Luis Miguel Valdés, a quien, por cierto, se le homenajea en este X Salón de Arte Digital como uno de los pioneros, junto a
Frémez, en la introducción del arte realizado con estos nuevos medios en Cuba.
En realidad, nos reveló San Juan, es una segunda experiencia, pues la primera fue en la Fundación Sebastián, cuando 17 telas fueron impresas con fotos de la publicidad política mexicana, y fueron intervenidas por el pintor mexicano Eloy Tarcisio, director de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, en el Centro Nacional de las Artes en Coyoacán. Al mismo tiempo una cantante, Tanana, vocalizaba mientras pintaban en las lonas, enriqueciendo el acto artístico.
A partir de este trabajo, a ambos Luis Miguel Valdés y Juan San Juan, unidos en la vida artística (pues ambos compartieron la planta alta y baja del primer Taller en México antes de separar sus espacios artísticos), la idea les pareció magnífica. Ahora se trataba de que el público asistiera al proceso en sí y la intervención sería un happening. Se llamaría Arte sin fronteras, invocando el célebre concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución, mas ahora refiriéndose al hecho de que “no existe lindes entre el arte digital y el arte”, me asegura Luis Miguel. De modo que trajeron las telas con las impresiones fotográficas realizadas por San Juan del Taller de Gráfica La Siempre Habana, por donde “han pasado a lo largo de estos diez años muchos artistas cubanos, todos de primera línea”, como expresara en entrevista Luis Miguel (a la periodista Estrella Díaz , léase en el sitio web www.artedigitalcuba.cult.cu del Centro Pablo). Imágenes sobre las que los artistas pintarían con acrílico. Y si bien la idea inicial fue la de incorporar a los cubanos que han trabajado en La Siempre Habana, ya en la Isla y al calor del propio evento se abrió a todos los participantes en el salón y a todos los que quisieran aunarse e incluso pintar sobre una misma tela.
“Se vuelve como una fiesta” me dice Luis Miguel, mientras le ayudo a liberar las presillas y enrollar telas que, al amenazar una llovizna, en la tarde del viernes 6 de noviembre, nos vemos prestos a bajar al patio techado de abajo del Centro Pablo.
Un cuarto de siglo ha transcurrido desde aquellos primeros experimentos que realizara Luis Miguel, a quien pudieran haber considerado no muy cuerdo, cuando recién llegada al Instituto Superior de Arte (ISA) la primera computadora, comenzó a realizar los primeros trabajos artísticos, para los que se ayudó de amigos y del Instituto Pedagógico de Pinar del Río, su provincia natal, en esta etapa de producción de las primeras obras con ordenador.
En 1989 puede disfrutar por primera vez de aquella experimentación. Ha producido dos videoclips con música de Pablo Milanés y las imágenes hechas en ese programa —todavía sin mouse, que trabajaba en el Instituto Superior de Arte y que luego en Pinar del Río pasaba a video, como explica el artista en la entrevista citada a Estrella Díaz— las estrena en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde coincide, ¿nada menos? que con Robert Redford quien presentaba entoncessu filme Habana.
El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, pionero también en abrir los caminos al dominio de las herramientas proporcionadas por las nuevas tecnologías, invitó a la realización de esta intervención con varios objetivos: el homenaje a Luis Miguel Valdés como iniciador del arte digital en Cuba antes mencionado, la participación de artistas cubanos en esas imágenes que representan al Taller La Siempre Habana —sitio de concurrencia de importantes artistas gráficos cubanos y latinoamericanos—, la celebración del décimo aniversario pronto a cumplirse de ese centro de creación, y finalmente, pero no menos importante, el colofón del X Salón con todos estos artistas interviniendo libremente en las telas como festejo final de diez años de esfuerzos revertidos en una trayectoria ya enriquecida.
Rigoberto Mena, Zenén Vizcaíno, Luis Miguel Valdés, William Hernández, Eduardo Abela, Octavio Irving Hernández, Manuel López Oliva, Adigio Benítez, Rafael Zarza, Ever Fonseca, Agustín Bejarano, Aziyadé Ruiz, entre tres decenas de nombres relevantes de la plástica cubana, además de la integración al grupo de la argentina Alicia Candiani,
permitieron, gracias a su generosidad, un trabajo vivaz que honró a Luis Miguel Valdés, al Salón y a los artistas cubanos quienes, pese a carencias y dificultades, han logrado sostener una indagación plástica con los nuevos recursos de la tecnología, aunque estos no deben de separarse de cualquier otro soporte o medio para crear el arte contemporáneo, en ese único concepto que signa al arte, a un arte sin fronteras ni apellidos, que es el verdadero arte en cualquier parte del mundo.
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| La voluntad y el talento suplen las carencias |
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El audiovisual fue el protagonista este viernes 6 de noviembre de la tercera y última jornada del Coloquio del X Salón de Arte Digital, emergiendo la idea de que la obra que se hace actualmente en Cuba se impone, por sobre las carencias y las limitaciones, gracias al talento y la voluntad de sus creadores.
Artistas digitales, profesores y críticos de arte coincidieron en señalar que, si bien es cierto que las nuevas tecnologías llegaron tarde a la Isla y que aún no están al alcance de todos, ya existe en el país un trabajo creciente en esta esfera, incluidos los audiovisuales, gracias en gran medida a la existencia de estos salones organizados por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
La moderadora de la jornada, la profesora y crítica de arte Carina Pino Santos, recordó que el audiovisual se incorporó a los Salones no desde su inicio, en 1999, sino después, en el 2002, y que en solo siete años el salto cualitativo es enorme.
El primer ponente de la mañana fue el profesor de estética del Instituto Superior de Arte, Kevin Beovides, con un texto conceptual sobre el Net.Art, es decir, el arte que se hace en la red. Le siguió la Master y Licenciada en Historia del Arte, Meykén Barreto, con una muy interesante y valiente ponencia, en la que señala que la creación digital en la Isla está signada por varios elementos, entre ellos el retraso con el que llegaron al país las nuevas tecnologías, y el hecho, aún vigente, de que el acceso a esos medios es limitado. “En Cuba, hacia los últimos años del siglo XX, la creación con medios digitales se encontraba aún en una primera etapa de tanteo y exploraciones”, apuntó.
La ponente también recordó que gran parte de los artistas digitales cubanos tienen formación como diseñadores gráficos, lo que signa su obra, y concluyó afirmando que “la creación digital en Cuba adquirirá mayor sentido cuando tengamos pleno acceso a la red”.
Por su parte, el artista digital y jurado del actual Salón, Ángel Alonso, se refirió a la progresión y enriquecimiento de estos encuentros, específicamente en lo que al audiovisual se refiere. Destacó el desarrollo de esta especialidad a juzgar por los propios salones, caracterizándose por el amplio espectro de participantes con disímiles formaciones.
“El arte digital –dijo- es intrínsicamente experimental, y por tanto los criterios evaluativos deben ser diferentes. Las mejores obras no son las que más nos gustan, sino las que más nos inquietan”.
El artista se pronunció porque los Salones de Arte Digital, luego de lo alcanzado en esta década, amplíen las categorías en concurso, incluyendo todo lo que se hace en este campo.
En la jornada se escucharon también las ponencias del profesor Rafael Barrera sobre el audiovisual interactivo y las de la Master Danae Diéguez y el productor Pedro Suárez quienes expusieron sus criterios sobre las nuevas miradas del audiovisual joven y el proceso de postfilmación digital, respectivamente.
En un momento de esta tercera sesión del Coloquio de Arte Digital, el Centro Pablo recibió, de manos del compañero René Pérez, un diploma de reconocimiento del Salón Nacional de la Gráfica 26 de Julio creado por el diseñador José Papiol, por la participación activa en este evento de la gráfica cubana en la que el Centro otorga un Premio Especial A favor de la imaginación y la belleza, destinado sobre todo a los creadores más jóvenes.
Los participantes en este tercer día de Coloquio pudieron apreciar varios de los audiovisuales premiados en estos años, a través del DVD creado por Enrique Smith, y participar en el debate sobre el tema, protagonizado por algunos de los ganadores de esos eventos, quienes coincidieron en destacar que, a pesar de lo hecho hasta ahora, falta un largo camino por recorrer en una especialidad en la que hay mucho por descubrir.
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| La tecnología es totalmente ajena a ideologías, dice
Meyer |
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Por Estrella Díaz
El maestro Pedro Meyer llegó Cuba con su exposición Fotografías recientes que a partir de este jueves 5 de noviembre y hasta inicios de diciembre estará abierta al público en el Centro Hispanoamericano de Cultura, hermosa edificación ubicada en el emblemático malecón habanero.
Meyer, creador de ZoneZero –uno de los portales de fotografía más visitados en la Red- y destacado exponente de la fotografía mexicana contemporánea, viajó a La Habana para participar en el X Salón y Coloquio de Arte Digital que auspicia el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
En conversación exclusiva con estas páginas electrónicas Meyer –fundador y presidente del Consejo Mexicano de Fotografía y organizador de los tres primeros Coloquios Latinoamericanos de Fotografía- aseguró que “hay una confusión” con la fotografía digital al creer que en sí misma es un estilo.
“Hay muchas imágenes que sueles pensar que son una abstracción y que son cosas que caen en el terreno de las exploraciones artísticas y de las fantasías. Eso, desde luego, se puede hacer muy bien a través de la fotografía digital, pero no sólo eso: puedes hacer las fotos más tradicionales que quieras y eso lo puedes hacer mejor que antes por medios químicos porque el contrapunto del proceso analógico químico es lo electrónico digital. O sea, lo que cambió fue la tecnología que a su vez amplía más el rango de lo que podemos hacer.
Al ampliar el rango se amplían las posibilidades creativas, no se eliminan las anteriores, no es que ya no existan paisajes; se pueden hacer paisajes totalmente tradicionales e inclusive se pueden hacer fotografías en blanco y negro y las fotografías quedan de una mejor calidad que jamás se pudieron hacer en películas.
Ha tardado tiempo en entenderse eso y el concepto de la fotografía y el arte digital pensado como concepto. Podría que se llamara “Arte químico” porque ese es el equivalente al proceso químico y el proceso digital. Como estamos en una época de transición es perfectamente comprensible que lo llamen en una primera etapa arte digital porque está hecho con nuevas tecnologías y con nuevas herramientas, pero muy pronto va a ocurrir que el concepto de arte digital va a perder el digital y va a quedar nada más arte”.
Va a perder el apellido…
“Es que no es un apellido, es un apodo. Hay una cosa muy curiosa: siempre que hay una innovación tecnológica lo primero que nos ocurre es que no sabemos cómo nombrarlo y en ese proceso de nombrar las cosas lo que estamos descubriendo es qué es, cómo es, a quién decirle, cómo, etc. y la dinámica de todo eso.
Voy a dar una plática sobre los libros del futuro y lo primero que analizamos es a qué le llamamos leer. Antes de empezar a discutir cómo es el libro del futuro vamos a empezar a ver cómo es el acto de leer. ¿Es distinto hoy de lo que era? Y si lo es, ¿en qué consiste? Entonces ya empiezas a pensar que la lectura de un libro tiene una manera que nos lleva a que hay otras cosas que incorporar en ese libro del futuro.
En cuanto a mis fotografías podrás ver una transición en la que hay imágenes que son completamente derivadas de la fantasía y tú crees que están tomadas directas en blanco y negro de la manera tradicional y eso es lo importante.
Lo relevante no es cómo las hago o cómo las hace quien sea, sino qué impacto te cause porque a mí lo que más me interesa es que cuando alguien vaya a una exposición responda a la imagen. Puede ser que no le guste o que sí, pero lo esencial no es cómo se hizo.
El cómo se hizo es irrelevante para los efectos de la expresión del artista; es como si tú me dijeras que te gusta la obra de un poeta o de un escritor y preguntaras con qué máquina lo escribió. Si te pones a hacer esas preguntas lo que menos te interesa es lo que estás leyendo y eso le saca el aire a cualquier búsqueda de interpretación del contenido.
Igual si es con una pluma fuente y preguntan de qué marca es la pluma fuente. Esas preguntas suelen hacerse y lo comprendo porque en la era digital hay esa curiosidad de descubrir técnicas que no se conocen y alguien quiere saber para informarse. Eso es perfectamente válido, pero lo que no es válido es quedarse en eso”.
Usted profesa una teoría casi ecológica sobre la fotografía analógica. ¿Es un detractor de la fotografía analógica?
“No detractor, porque eso pone el énfasis de una manera, tal vez, equivocada. Lo que soy es un detractor de todo aquello que contamina el medio ambiente, pero no es necesariamente limitado a la fotografía analógica.
Sin embargo, tengo que recordar que nosotros crecimos, nos desarrollamos en una era en la que no teníamos la más mínima conciencia de lo que implicaba, por ejemplo, lavar las fotos, quitarles el fijador, etc… las fotos debes dejarlas correr en agua durante muchísimo tiempo y hay una conciencia del agua hoy en día que no se tenía hace veinte años. Hoy en día el recurso del agua en todo el mundo cobra una conciencia muy importante, no te puedes poner inconscientemente a lavar unas fotografías y dejar correr el agua durante ocho horas.
Durante toda mi vida trabajé con película y con emulsión de plata, dejábamos correr el agua durante horas y horas y actualmente me pongo a pensar en los miles de metros cúbicos que despilfarraba en mi laboratorio de una manera irresponsable. Esa es la realidad.
Lo mismo sucedía con los productos químicos: cuando terminábamos iban al caño y de ahí a donde fueran a dar y muchos de ellos eran venenosos o tóxicos, incluso, con leyendas en la botella de embase. Pero como iban al caño no importaba, con tal de que no te tocaran a ti.
Éramos sumamente irresponsables y con esto ya es suficiente razón para no hacer más fotografía analógica, pero a eso le puedes añadir -ya desde el punto de vista práctico- que la película es cara, los procesos, y todo es mucho más complicado habiendo soluciones tanto más limpias, más prácticas y más baratas.
En países pobres la fotografía digital es un imperativo. Recuerdo, por ejemplo, cuando invitamos a los fotógrafos cubanos a exhibir en México en el Primer Coloquio Latinoamericano de Fotografía. Yo les mandé una cajita de papel que Marucha y Mayito iban y repartían en su carro en la noche y le preguntaban a los fotógrafos cuántas fotos iban a mandar a México: si eran dos, pues dos hojitas y si eran cuatro, pues cuatro hojitas se les entregaba en un sobrecito en la oscuridad para que pudieran hacer las fotos, ¡eso cambió completamente!
Luego pasó una cosa muy singular, hubo una gran devaluación del peso mexicano y nos quedamos sin papel en México y los fotógrafos cubanos eran quienes nos proveían de papel fotográfico de la antigua RDA y era buen papel.
Imagínate todas esas vicisitudes y toda esa contaminación ambiental: la fotografía digital es un mundo de diferencia. Añádele que todas esas fotografías que imprimíamos por necesidad eran chiquitas y hoy son completamente distintas las medidas. Me recuerdo que Mario García preparó unas fotografías grandes para una exposición que se hizo donde presentó un mural sobre Martí y eso lo preparó aquí, yo vine y vi su cuarto oscuro que era mínimo y le pregunto, “¿cómo hiciste para lograr esto?” Pues lo hizo en la calle, en la noche; juntó a los amigos, pusieron unas cubetas hechas de cajas de cartón, un plástico y revelaron en la calle”.
Eso es ingenio ¿no?
“A los cubanos nunca les ha faltado ingenio, ni imaginación para resolver problemas, son terriblemente creativos todos los cubanos en todas las disciplinas, una de ellas es la fotografía”.
¿Y ZoneZero?
“Es un portal de fotografía, uno de los primeros en el mundo y uno de los más visitados por el número de gentes que vienen de ciento treinta países. Tiene quince años y es algo que la gente no conoce o no toma en cuenta demasiado y es que la tecnología misma ha cambiado muchas veces a lo largo de estos quince años. Hoy en día lo que se puede hacer comparado con lo que se podía hacer hace quince años es comparar un curso de Kinder con un postgrado universitario: así de esa dimensión de complejidad.
Ahorita mismo en ZoneZero estamos en un proceso de modificarlo todo. Imagínate tú, un edificio que tiene cien pisos de alto, y entonces le estamos cambiando todo desde los cimientos mientras que sigue operando todo el edificio. Estamos cambiando los cimientos, la fachada, los elevadores o sea todo, porque es inherente a las cosas que se pueden hacer hoy en día en Internet y que son fundamentales. Por ejemplo, las asociaciones, lo que llaman redes sociales y en donde tú puedes agarrar desde tu mismo portal y decir esta foto me gusta y la voy a poner en mi página en Internet para mostrársela a fulano y todos los enlaces que genera la comunidad misma de fotografía. Entonces, esto modifica todo y hace que sea sumamente interesante ver la obra: tenemos imágenes de mil fotógrafos”.
¿Cómo puede un fotógrafo estar presente en ZonaZero?
“Tenemos una parte que es abierta y esa es una de las cosas que estamos cambiando para que sea más fácil, para que si tienes un número de fotografías que quieres subir lo puedas hacer tú misma y no necesites siquiera esperar.
Hoy todavía tienes que mandar las fotos y nosotros las subimos, pero trabajamos para que esto sea automático, la dinámica va a ser otra. Y entonces ya tú puedes presentar tus cinco o diez fotos y es bajo tu responsabilidad la edición. Hoy en día también lo es, pero las tienes que mandar y tenemos que hacer un esfuerzo muy grande para poderlo publicar. Un fotógrafo que quiere una galería, también va a cambiar eso, va a ser mucho más rápido.
Hoy en día tenemos un tiempo de espera de dos años porque es costoso y complicado programar como lo estamos haciendo hasta ahora. Con la nueva estructura se reduce a tres días y aumenta la posibilidad de participantes de una manera muy interesante, pero sin embargo eso sí tiene que ser aceptado por nosotros porque lo que vamos a hacer es buscar temas en común a los fotógrafos que se van a presentar”.
Hacía tiempo que no venía a La Habana…
“Hay algo muy chistoso. Mi esposa me pregunta anoche ¿cuándo fue la última vez que estuviste en La Habana? Empecé a revisar y nos dimos cuenta que es desde 1981, año en que ella nace. O sea, desde que ella nació no había regresado a Cuba: hay más de una generación por medio”.
Usted tiene un trabajo muy cercano, por ejemplo, con Cardenal; son muy conocidas las fotos que tomó al sacerdote durante la guerra contra Somoza en Nicaragua…
“También he estado muy cerca de los inicios de todas las actividades de la fotografía cubana. Ayudé inclusive en la creación de la Fototeca de Cuba desde la concepción misma, el convencimiento de la autoridades de las bondades de apoyarla. Tienes que tomar en cuenta que en su momento la fotografía no era pensada con la importancia que tiene hoy, eso fue algo que, poco a poco, se fue desarrollando. Eso sucedió no sólo en Cuba, te estoy hablando a nivel de hemisferio, aunque en Europa no tanto, pero en América Latina no había nada. En América Latina entonces tuvimos que abrir brecha, por decirlo así.”
¿Cómo ve usted la fotografía futura?
“Cuando hablamos, por ejemplo, de fotoperiodismo… el otro día me estaban preguntando. Mira, ni la foto es lo que era ni el periodismo es el que era hace unos años; hay que empezar redefiniendo el fotoperiodismo porque imagínate hoy están cerrando periódicos en todo el mundo, sin embargo el contar historias no va a desaparecer nunca y eso es lo que hay que entender, no las definiciones del pasado, no los usos y costumbres de cómo se implementaba, sino el hecho mismo de que se necesita poder contar una historia.
Todo el mundo quiere seguir escuchando historias. Yo tenía seis o siete años y leía los encabezados del periódico y recuerdo uno que decía “Se acabó la Segunda Guerra Mundial” y me voltee y pregunté a mis papás, “¿es que ya no va a haber más periódicos?” Y es que todas las noticias eran asociadas a la Segunda Guerra Mundial.
Después, hubo más periódicos, hubo otras guerras y más noticias en ese sentido. Hoy en día cierran periódicos, pero se abre Internet, cierra el concepto de la fotografía tradicional y se abren otras, pero nunca se ha fotografiado tanto como ahora, nunca en la historia.
Yo creo que en los últimos seis o siete años se han tomado más fotos a nivel mundial que en los ciento sesenta años de historia de la fotografía. Piensa tú que el mayor fabricante de cámaras fotográficas en el mundo es Nokia, un teléfono celular, es el que más cámaras fotográficas vende. Nokia hace veinte años fabricaba botas de hule y yo creo que esa historia va a pasar muy rápidamente también.
Escribí -hace dieciocho años atrás- que las cámaras de foto fija iban a ser simultáneamente de video y ya están aquí con video de alta definición, de cámara de estudio y al mismo tiempo toma foto fija. ¡Imagínate si no va a cambiar el concepto de contar la historia!
También las entrevistas van a ser distintas porque la tecnología converge. El mismo término que hemos usado de multimedia viene de la época de donde eran medios distintos: el radio era distinto, el video, los textos. Hoy en día todo es diferente, todo es digital, binomio, un noticiero es digital.
En realidad está el término de multimedia, pero es realmente monomedia porque todo es igual. Es importante que entendamos de una manera distinta las cosas.
El otro día, en México, un canal de televisión solicitó una entrevista y se aparecieron como cinco personas y les digo: no se asusten, pero de aquí a tres o cuatro años va a haber uno sólo, así que el resto empiece a buscar qué hacer y comiencen a replantearse sus carreras.
Esa es otra de las cosas que trae consigo la revolución digital: obliga a replantearse las carreras de los fotógrafos, camarógrafos, entrevistadores, escritores, habrá una redefinición de las herramientas que usamos… si no se interesan en eso estarán desempleados: después que no se quejen porque están advertidos. Algo parecido ocurrió con la revolución industrial: son transformaciones muy fuertes, muy dramáticas”.
Esperamos que sea para bien…
“Aunque no sea para bien es inevitable”.
Viene de todas maneras…
“No viene, ya está. Esperemos que podamos usarlo de una manera inteligente. Por sí sólo no va a pasar nada porque, finalmente, son solamente herramientas, es la tecnología. La tecnología es totalmente ajena a ideologías, políticas, a lo que es bueno o malo. Con esas herramientas se pueden hacer cosas buenas y malas, cosas progresistas y constructivas y puedes hacer cosas espantosas.
Esperemos de nosotros la responsabilidad de hacer cosas que valgan la pena, las historias que vamos a contar, contarlas bien. Ahorita, por ejemplo, una de las cosas que pasó interesante en México es que el gobierno iba a poner un impuesto del tres por ciento a Internet. Hubo tal alud de quejas de los internautas que no pudieron, inundaron a todos los legisladores con correos electrónicos. Es curioso porque habían planeado aumentar los impuestos a la telefonía celular, a Internet y a la telefonía normal, pues el de Internet lo borraron ante el alud. No pudieron y todo lo demás lo dejaron porque no hubo quejas”.
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| Pedro Meyer en La Habana: cómo escribir con la luz |
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Por Carina Pino Santos
“Una fotografía no es el mero resultado del encuentro entre un acontecimiento y un fotógrafo; hacer imágenes es un acontecimiento en sí mismo… Una vez terminado el acontecimiento, la fotografía aún existirá, confiriéndole una especie de inmortalidad (e importancia) de la que jamás habría gozado de otra manera. Mientras personas reales están por ahí matándose entre sí o matando a otras personas reales, el fotógrafo permanece detrás de la cámara para crear un diminuto fragmento de otro mundo: el mundo de imágenes que procura sobrevivir a todos.”
Susan Sontag, crítica e historiadora de la fotografía universal, me sigue pareciendo una voz ineludible cuando se trata de escribir unas líneas sobre una manifestación que revolucionó el curso todo de la historia del arte occidental.
Asimismo la cita de Sontag nos previene de la interesante dualidad de dos hechos que suceden en una manifestación tan relacionada con el reflejo de la realidad misma: primero, el fotógrafo como hacedor de imágenes que se eternizarán y segundo, su capacidad para crear otro mundo, supuestamente tan real, que, una vez fotografiado se perpetuará por siempre.
En su muestra Fotografías recientes en el Centro Hispanoamericano de Cultura, Pedro Meyer, artista consagrado y uno de los principales protagonistas de la historia de la fotografía mexicana desde la segunda mitad del pasado siglo hasta la actualidad, vuelve una vez más a resignificar en sus imágenes ese quehacer de la fotografía concebida como una creación en sí misma: “Estoy muy consciente —ha escrito y publicado bajo el título “El pincel de la cámara”— de que a los defensores de la ‘imagen directa’ les gustaría retener el aura de veracidad de la fotografía, aún cuando todos los hechos apuntan en contra de tal argumento. La fotografía es un mero fragmento de evidencia de algo que tuvo lugar frente a la cámara, no un fragmento de realidad como algunos gustarían interpretar.”
Las fotografías se muestran, ahora, como una expresión, además, de la contemporaneidad de su labor aplicando las nuevas tecnologías digitales. Y está claro que, para Meyer, estas herramientas proporcionan posibilidades de realización y factura más logradas y cada vez más imaginativas.
Como pensador y teórico del arte que cultiva, la capacidad virtual de estos medios digitales no otorgan imaginación, ni deben ser un factor de alejamiento del concepto mismo de fotógrafo profesional, sino que, como él mismo ha resaltado, la computación otorga mayores opciones de realización que permiten, como ha afirmado en su artículo “Una fotografía es una fotografía”, una “precisión en el corte y edición de la imagen (que) era inimaginable en el pasado.”
La palabra fotografía, nos ha recordado Meyer, quiere decir “escribir con luz”: “nunca en mi vida tuve una experiencia más cercana a realmente escribir con luz que lo que he tenido en años recientes, cuando, al amparo de una lápiz electrónico, he podido mover a voluntad todos esos píxeles que capturé con mi cámara digital o fueron escaneados de una película.” Y no sólo esta reescritura que para él es la fotografía, sino también “la opción de definir y combinar estilos, lo que habría escapado a la mayoría de los practicantes de la fotografía en el pasado”. Como todo creador honesto consigo mismo y con su público, y en su afán investigador, Meyer se cuestiona en sus reflexiones, una y otra vez, qué tendencia, estilo o signo engloba este nuevo quehacer en la fotografía realizada, verificada, terminada con medios digitales:
“¿Es acaso esto un ‘neo-pictorialismo’? ¿O quizá un nuevo ‘neo-realismo’? ¿O incluso algo totalmente nuevo y diferente?” se pregunta.
Cualquier respuesta, por supuesto, pienso que la tendremos en estas últimas obras suyas en las que el fotógrafo explora sus “opciones para expresarse por medio del empleo de recursos digitales” y en temas que “son tan variados como la vida misma”, como escribe en sus palabras al catálogo firmadas por él en Coyoacan en este año 2009.
Como también ha escrito en el catálogo de su exposición, “para muchos de los que creamos, la última creación es la que más nos mueve, esa que nos abre el espacio para interrogarnos sobre nuevas inquietudes o que abre ese intervalo del presente en vía hacia el porvenir en que queremos adivinar lo aún desconocido”. Caminos ciertamente ignotos aún cuando los experimentados, Meyer nos deja estas últimos ensayos fotográficos, como una muestra de su amistad por Cuba y los cubanos.
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| Fotografía y Vida |
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Por Carina Pino Santos
El Centro Hispanoamericano de Cultura abrió dos exposiciones en la tarde del jueves 5 noviembre: Fotografías recientes, de uno de los más prestigiosos artistas de la fotografía mexicana Pedro Meyer, y la muestra Vida del dúo de los hermanos gemelos Orlando y Eduardo García que se dieran a conocer en junio del 2004 al obtener el Primer Premio en el VI Salón de Arte Digital.
La muestra se dedica a un tema muy abordado, la infancia y la ecología. El propio Eduardo afirma que obtuvo el patrocinio de Save the Children, una fundación dedicada a estos fines de protección y salvaguarda. Sus objetivos eran la atención al medio ambiente y su vínculo con la más temprana niñez.
Los hermanos se hacen llamar el Proyecto Siamés que ha trabajado varios proyectos en los que imbrican fotografía, arte con nuevos medios y diseño. Aunque en esta muestra se han deslizado más hacia convenciones de amplia aceptación, no deja de percibirse el trabajo de una factura cuidada y de una poética delicada y humanista que deberá retomar su espíritu indagador inicial y encauzarse hacia mayores riesgos conceptuales en el futuro.
Además de su interesante y polémica intervención en el Coloquio de este Salón con su ponencia Los libros del futuro y su disertación sobre su libro Herejías en la red, cual muy atractiva web de hipertexto y de interactividad, Pedro Meyer participa en el evento con su exposición Fotografías recientes, que se halla en toda la planta baja del Centro Hispanoamericano.
Su fotografía es indagadora y no se ancla en presupuestos estereotipados sobre lo latinoamericano, sino que parte de sus propios conceptos, a los que ha llegado luego de una fructífera trayectoria de vida y creación. Meyer solo espera que “hayamos llegado a una etapa en la que podamos realmente liberar a la fotografía y desatar todo su potencial creativo para poder hacer grandes ficciones documentales que nos hagan ver al mundo de nuevas maneras”, por ejemplo, afirmación que puede leerse en su sitio web (enero del 2007) y que nos aproxima a este enfoque contemporáneo de su quehacer.
Finalmente Vida del proyecto Siamés y Fotografías recientes de Pedro Meyer permanecerán este mes en el Centro Hispanoamericano como un ejemplo de la interrelación entre la fotografía y los nuevos medios digitales, una vertiente que en este X Salón y Coloquio de Arte Digital se ha expresado, a través de intervenciones y obras, con un énfasis particular.
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Arte sin fronteras:
“lo que nos salva es la imaginación” |
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Por Estrella Díaz
El artista de la plástica Luis Miguel Valdés está considerado uno de los precursores del arte digital en Cuba y su relación con la manifestación llega hasta hoy por diversos caminos que confluyen en el X Salón de Arte Digital que sesiona en La Habana.
Uno de los momentos más hermosos del evento es la realización del proyecto Arte sin fronteras –viernes 6 de noviembre- que ha sido coordinado entre el Taller
La Siempre Habana, dirigido por Luis Miguel y que está enclavado en la ciudad mexicana de Coyoacan, y el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, institución que auspicia el Salón.
En conversación exclusiva con estas páginas electrónicas aseguró el artista que el origen del proyecto parte del cuestionamiento -por parte de algunos creadores que asumen las técnicas más tradicionales- del arte digital, manifestación que nace a partir del desarrollo de las nuevas tecnologías.
“La ida inicial es pintar con acrílico sobre un soporte que tiene impresas imágenes fotográficas del Taller de grabado
La Siempre Habana por el que han pasado a lo largo de estos diez años muchos artistas cubanos, todos de primera línea”, precisó.
“La intención inicial es acercarlos –si se quiere hasta de una manera tramposa- para que pinten sobre una imagen digital. Las imágenes están tomadas por el fotógrafo mexicano Juan San Juan que nos acompaña estos días. Entre los artistas que en algún momento han pasado por el Taller están Nelson Domínguez, Choco,
Kcho, Roberto Fabelo, Zaida del Río, Ernesto García Peña, Agustín Bejarano, Aziyadé, Arturo Montoto, Rigoberto Mena, Ever Fosneca, Raúl Cordero y Carlos René Aguilera, entre otros. La idea es que cada uno de ellos participe haciendo una obra de su autoría con un pie forzado que es una imagen del Taller donde ellos han trabajado en México”.
Desde tu doble condición de artista digital y artista que trabaja con las llamadas técnicas convencionales, ¿por qué crees que algunos creadores continúan resistiéndose a lo digital?
“Creo que eso parte desde los orígenes de la computación. Las primeras imágenes visuales que se hicieron en una computadora no las realizaron artistas sino científicos, investigadores o programadores.
Con el tiempo se difundió la idea de que no era el artista quien hacía la obra sino que era la máquina, la computadora, y este concepto le otorgaba la computadora una categoría; era como si la PC fuera un personaje y eso ha reforzado la idea de que quien hace las cosas es la computadora. Los aristas han visto un distanciamiento entre esa forma de trabajar y la que ellos están acostumbrados, que es la de embarrarse las manos en pintura.
Por suerte, se ha ido cambiando y un grupo de artistas se han involucrando con el arte digital –y a su vez se han diseñado programas que son más cercanos a los materiales de arte tradicionales-. Actualmente existen programas muy hechos en función de los artistas y estos sienten que están realmente trabajando. Hoy puedes encontrar una tarjeta –en vez de un mouse- una pluma que no tiene alambre y que es resistente a la presión y con eso puedes hacer las mismas texturas que el óleo. Por otro lado, el sistema de impresión ha avanzado tanto que se puede imprimir sobre una tela normal y parece que es una pintura realizada a mano”.
¿Cuál es la verdadera historia de tu interés por el arte digital?
“Intentaré hacerla brevemente. En el año 1985 fui a mi provincia natal donde tengo un primo que es profesor de física en el Politécnico Pedagógico de Pinar del Río y conversando con él me comenta que tiene un programa de computación que dibujaba.
Recuerdo que le pregunté ¿cómo es eso? y de ahí nos fuimos al laboratorio donde estaban las cuatro primeras computadoras que había en la provincia: metió un disquete mágico en una de aquellas máquinas –entonces no había mouse- y era un programa elemental de la IBM y realicé los primeros garabatos probando con un teclado como si fuera un pianista.
Salimos de ahí al día siguiente, a las siete de la mañana, con dos hojas tamaño de carta impresas –en una impresora de puntos- y con un disquete mágico en la mano. Con ese disquete fui al Instituto Superior de Arte, ISA, a ver a la doctora Yolanda Wood -que en ese momento era la vicerrectora de la institución- y le mostré mis dos hojitas.
Le comento del programa que recién había conocido y al que le veía muchas posibilidades y que sería muy bueno tener en la institución una computadora para ir probando. Y me contesta: “ayer el Ministerio de Educación Superior nos acaba de dar una computadora y nadie sabe qué hacer con eso: ahí tienes un cubículo central en el primer piso del ISA, ahí está la computadora, ésta es la llave y ¡allá tú!”
Me metí días y días y días y -luego de esos primeros ensayos- me iba, al menos, una semana hacia el Politécnico de Pinar del Río. Casi no iba a mi casa. La gente del Ministerio de Educación me ayudó mucho y tengo que mencionar a René Herrera y a
El Popy, que eran los que estaban avanzados en eso. También a Medina que trabajaba en una institución que tenía que ver con el desarrollo de la computación; incluso me prestó una máquina para que la tuviera en mi casa –violando todas las normas habidas y por haber porque a quién se le ocurría que un organismo prestara una máquina-, pero entre el ISA, la computadora prestada y el Instituto Pedagógico de Pinar del Río, salieron las primeras cosas.
A pesar de lo difícil que fue tengo que reconocer que tuve mucho apoyo de la gente. Los primeros resultados factibles y mostrables fueron dos videoclips que hice con música de Pablo Milanés y las imágenes hechas en ese programa –todavía sin mouse-: las trabajaba en el ISA y me iba a Pinar del Río a pasarlas a video.
Con esos dos videos pasó algo muy simpático porque los presento en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el año 1989 y se exhibieron en una pantalla gigante en el Pabellón Cuba. La premier de esos documentales coincidió con el estreno de la película Habana de Robert Redford y para mí fue muy simpático porque -de pronto- estábamos en el teatro de la Universidad Robert Redford y yo en el escenario: él presentado su película y yo mis videos.
Fue una satisfacción muy grande ver que dos mil o tres mil personas veían esos videos y ahí fue donde me dije: “esto tiene que tener algo especial porque qué exposición la van a ver 300 mil gentes en un día. Esa certeza fue un impulso muy bueno”.
A partir de ahí nos empezaron a ayudar más, nos dieron tres computadoras, nos facilitaron un plotter que hoy, seguro, es una reliquia. Aquí tengo que mencionar a un grupo de muchachos de la Facultad de Física-Matemática de la Universidad de La Habana: Carlos González Denis se aparece un día al cubículo del sótano del ISA y me dice: “estoy en el último año de Física-Matemática y quiero saber qué podemos hacer juntos”. A mí me dio una confianza tal que fuera un estudiante que le dije: “aquí tienes la llave, eres el dueño y puedes entrar y salir cada vez que te dé la gana”.
Pero lo simpático es que cuando veo lo que ha sido la gráfica por computadora, cuando llego a México es que me doy cuenta de que nosotros aquí, en Cuba, empezamos mucho antes que muchos artistas y que en Estados Unidos -donde se realiza un importante Festival que viene siendo como los Oscares del arte digital- no participan artistas sino que se presentaban animaciones, anuncios, video clips, pero el impreso prácticamente no lo hacían.
Ahí es cuando me doy cuenta de hasta dónde nos ha marcado el bloqueo y que quizás nosotros fuimos mucho más adelante en ese momento.
Me da mucha satisfacción que hace diez años el Centro Pablo desarrolle los Salones de Arte Digital, porque en estos momentos podemos decir que estamos al día a nivel mundial y por eso, cada vez más, hay una participación internacional tan importante.
Ahora tenemos las mismas dificultades de hace veinte o treinta años cuando se acababa el rojo para pintar y había que privilegiar el azul y el verde; ahora pasa lo mismo, pero lo que nos salva es la imaginación y el irse por encima de todas las dificultades”.
Como parte del X Salón, en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana quedó inaugurada la exposición
Homenaje dedicada Frémez y a ti con la que se le reconoce a ambos la paternidad del arte digital cubano…
“El Taller Experimental de Gráfica de La Habana es mi cuna como grabador y me satisface mucho que hayan hecho este homenaje a
Frémez y a mí.
Frémez era un investigador nato y no solamente en las cuestiones relacionadas con la computación. Cuando él estaba al frente del Consejo Nacional de Cultura empezó a utilizar mucho la fotografía para hacer los carteles y eso fue derivando en su obra. El origen de
Frémez era como caricaturista, pero uno no podía esperar que supiera dibujar como un artista graduado de una escuela; fue un tipo que se hizo en la práctica y siempre fue un gran investigador.
Recuerdo que Frémez me mandaba a pedir bicromato de potasio y lo mezclaba con color y lo aplicaba sobre los papeles y hacía los montajes en negativo y los revelaba al sol en el jardín de su casa. Cuando tal vez todo el mundo tenía equipos sofisticados, él usaba la luz del sol como si estuviera inventando nuevamente el daguerrotipo. Ese espíritu indagatorio fue lo que lo llevó de una cosa a la otra. Lo digital fue una más, algo que enfrentó en su vida.
Recuerdo que cuando empecé a hacer estos videos, mi público absoluto era Frémez y cada vez que avanzaba en un minuto de cinta iba corriendo a su casa –era uno de los pocos que tenía videocasetera en ese momento- para que los pudiera ver. En ocasiones iba dos y tres veces al día a su casa: me iba para la escuela, hacía diez minutos de trabajo, incluía dos cuadritos y volvía para la casa de
Frémez y él me decía “¡coño, qué ganas tengo que termines eso porque tengo que espantarme lo mismo cuatro veces!” Así nos fuimos involucrando.
No olvidemos que Frémez había tenido acceso a materiales y cuando yo tenía 15 años me daba los pinceles para que pintara, porque el estaba metido en el tema del diseño de las revistas
Cuba Internacional y Revolución y Cultura. Nunca olvidaré que me decía 15-L, que era el número del pincel que más me gustaba y siempre me daba de esos.
Estuvimos muy involucrados en una relación profesional muy linda y Frémez siempre será para mí un creador nato y es una tremenda satisfacción que este
HOMENAJE haya sido a la par e inaugurado por Luis Lara, el actual director del Taller de Gráfica, y por Víctor Casaus, el director del Centro
Pablo, que, también, es un gran amigo desde hace montones de años”.
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| Por la eliminación de las fronteras en el arte |
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La polémica, esa que enseña y enriquece, estuvo en el centro de la segunda jornada del Coloquio del X Salón de Arte Digital, que se desarrolló el jueves 5 de noviembre en la Galería Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
Con un programa en el que se invitaba al análisis de la vinculación de varias expresiones con el arte digital, el debate se concentró, sin embargo, en si el uso de las nuevas tecnologías desplazará definitivamente o no a las formas tradicionales de creación.
Todo comenzó a partir de la ponencia del destacado fotógrafo mexicano Pedro Meyer, Los libros del futuro, aunque ya antes Xavier Pintanel, director de CANCIONEROS.COM, había dado mucho que pensar con la presentación de la exposición del fotógrafo cataluz –como acostumbra a llamarse a sí mismo– Juan Miguel Morales, titulada Fotografiar música. Mundo analógico y mundo digital: dos cuerpos diferentes con un mismo espíritu.
“El amor no se puede digitalizar”, afirmó Pintanel, al enfatizar que, sin importar los medios que se utilicen, lo que define a una creación artística es el alma que lleva adentro.
Poco después Pedro Meyer insistía en otro ángulo: los libros del futuro, en particular, y el arte y la creación del futuro, en general, parecen llamados a depender totalmente de las nuevas tecnologías. Y para él el futuro es casi ahorita, como se expresan los mexicanos para decir ahora, ya.
Haciendo una analogía con Macondo, el pueblo misterioso y posible de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, el fotógrafo mexicano exhortó a la audiencia a no perderse “los inventos” que nos rodean, y recordó que mientras el hombre demoró cien años en darse cuenta que debía enumerar las páginas de los libros, ahora una información envejece en segundos.
“Nunca termina el ciclo de la necesidad del ser humano de tener información; lo que termina es la forma de llegar a esa información”, aseguró.
A la artista digital argentina Alicia Candiani la afirmación le resultó demasiado rotunda y, en su opinión, las vías digitales de información no pueden ser aceptadas ciegamente ni se debe pensar que las nuevas tecnologías son, por definición, portadoras de verdad.
Juan Miguel Valdés, pintor, grabador, artista digital, opinó, por su parte, que de la misma manera que se pierden las fronteras entre las artes y que es muy bueno que así sea, conviven en estos tiempos las nuevas tecnologías con las formas tradicionales de hacer.
El crítico, profesor y moderador de este segundo día de Coloquio, Jorge Bermúdez, también apostó por la mixtura, y sentenció: “Desde una nave espacial seguiremos soñando con viajar a una playa y acostarnos en un muelle de madera”.
La jornada sirvió, además, para que se hablara del vínculo entre el arte digital y el diseño gráfico a través de la exposición 10 x 10, inaugurada el primer día del Salón, el martes 3, y en la que igual número de creadores plasmaron en carteles sus formas de acercarse y valorar estos encuentros.
También se vincularon a los medios digitales con las artes plásticas, adelantando lo que ocurrirá en el patio de las yagrumas el viernes 6, cuando importantes artistas nacionales trabajen junto a Luis Miguel Valdés y el fotógrafo mexicano Juan San Juan, uniendo la pintura tradicional a la creación digital, o al revés, en el proyecto con el que culminará esta semana de inauguraciones y coloquio del X Salón: Arte sin fronteras. Todas las exposiciones continuarán abiertas hasta finales del mes de noviembre.
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| Desenfoques: experimentar con la realidad |
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Por Yoel Lugones Vázquez
La belleza puede estar en cualquier acto, objeto, lugar, incluso en aquello que supuestamente ha quedado mal realizado. Lo interesante resulta darnos cuenta de que ahí, en ese instante que deploramos, puede radicar la simbiosis de lo útil-bello y lo aprovechable. Esta es precisamente la premisa de la cual partieron dos artistas, Katia Hernández y Enrique Smith, que ahora nos muestran sus
Desenfoques, exposición que fue inaugurada en la Casa Alejandro de Humboldt, en el Centro Histórico habanero, como parte de las iniciativas que el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau viene realizando dentro de su X Salón y Coloquio de Arte Digital.
Ya lo confiesan los hacedores de esta muestra, así como su propio nombre: ese instante en que el lente de una cámara trata de captar la perfección y el instante sublime e ideal puede convertirse en un momento de desencanto y frustración por el simple hecho de un movimiento o la traición que nos juega la tecnología digital. Pero, ¿no son esas instantáneas desenfocadas quizás también una forma de atrapar la realidad?
“Lo interesante resulta precisamente en jugar, experimentar con esas fotos que todo el mundo rechaza”, confiesa Katia Hernández. La alteración de los focos, de la obturación, de la velocidad de la cámara, ha permitido conseguir cada una de las imágenes abstractas que se muestran, resultado final que bien pudiera ser comparado estéticamente con un lienzo o conceptualmente con la fugacidad de la propia vida, amén de las múltiples lecturas que los espectadores pudieran extraer de ellas.
Lo que se crea, al decir de Katia, con el juego de luces, con la noche, con el contraste del día, con los seres humanos, son como imágenes aguadas: “Hay personas que cuando les hemos explicado el momento de donde salió la fotografía original, me han dicho que no es posible lograr tal resultado. Ese tipo de efecto es lo que también queremos obtener, y por eso me atrevo a afirmar que la belleza está ahí, en ese efecto que producimos en cada persona que disfruta de nuestra propuesta”, precisa.
Resulta interesante conocer que ninguna de las piezas que se exhiben en Desenfoques” fueron tratadas ni manejadas con el uso de algún software, algo que enriquece la muestra estéticamente. En la espontaneidad, en la mirada precisa (o tal vez imprecisa) está uno de los altos valores de esta experiencia singular que emplea la fotografía digital y el videoarte.
Para ambos creadores –graduados del Instituto Superior de Diseño Industrial, con experiencia como participantes y jurados en anteriores celebraciones del Salón de Arte Digital, y con participación en exposiciones dentro y fuera del país—,
Desenfoques es una ruptura con la concepción de un diseño y un arte más tradicional: “Esto es algo más artístico, una interpretación de cada uno de nosotros. El arte digital es una parte del trabajo que realizamos, llevamos muchos años en él. Hemos hecho otras exposiciones «más enfocadas». De hecho el diseño que habitualmente realizamos es el de discos compactos, de libros, de afiches. Pero una técnica o vertiente no está divorciada de otra. Cada cual tiene su manera de afrontarse, se logran diversas texturas que enriquecen siempre el trabajo y el estilo individual”, apunta la artista.
Cada foto es un mundo, cada mirada puede llegar a apropiarse de un significado.
Desenfoques ha sido una forma de atrapar lo bello, lo irrepetible, aunque pueda parecer lo contrario. Resta, entonces, “enfocarnos” en las piezas para atrapar esa lectura tan única que consiguieron captar Katia Hernández y Enrique Smith. Ojalá muchos lo logren.
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| El lado oscuro del corazón |
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El Centro Pablo ha confirmado con la realización de este X Salón y Coloquio de Arte Digital la validez de categorías que resultan hermosas e imprescindibles para nosotros: la colaboración, la solidaridad, la amistad.
Gracias a ellas podemos emprender sueños como el de este Salón y como el del espacio
A guitarra limpia, en el que trovadoras y trovadores de todas las generaciones y tendencias han encontrado vías de expresión, difusión y debate de sus obras.
Este X Salón ha sido posible gracias al apoyo solidario y de colaboración de instituciones cubanas y de otros países que decidieron hacer suya esa
apuesta a favor de la imaginación y la belleza. Entre las primeras se encuentran, de manera destacada, el Ministerio de Cultura, la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana, los estudios
Ojalá y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos ICAIC.
Dentro de esa atmósfera de hermandad y colaboración resulta inadmisible lo ocurrido con la exposición
Ciertas visiones, programada para una sala del Hotel Ambos Mundos.
Esa exposición de fotos documenta la experiencia del proyecto Compartiendo sueños / Sharing Dreams, que reunió a 70 diseñadores gráficos de Cuba y Estados Unidos desde el año 2004 hasta la fecha. Los diseñadores de Estados Unidos enviaron las copias de las fotos que resumen su visión recogida entre nosotros en esas ocasiones y fueron montadas y colgadas en una sala del Hotel
Ambos Mundos, dentro de la programación del X Salón y Coloquio de Arte Digital.
Al día siguiente del montaje, en la mañana de la inauguración, la foto más importante de la exhibición, de diez pies de largo, que muestra una panorámica del Malecón habanero realizada por el diseñador Henry Brimmer, había desaparecido de la sala. También desapareció el cartel en soporte rígido que imprimieron los diseñadores amigos para esta ocasión. Las gestiones hechas por el Centro Pablo en el Hotel no encontraron respuesta positiva: la foto y el cartel nunca aparecieron.
Decidimos realizar la inauguración de todas formas. En ese momento ocurrió otro hecho que determinó nuestra decisión posterior: la gerencia del Hotel impidió grabar las imágenes de la inauguración destinadas al programa
Secuencias (de Arte Digital), del Canal Habana de la televisión cubana, que documenta día a día, durante esta semana, la memoria del X Salón de Arte Digital.
A pesar de la solicitud hecha por la dirección del Centro Pablo y el Comité Organizador del Salón, que se encontraban presentes, y de la confirmación por ellos de que se trataba de un evento con apoyo y patrocinio de la Oficina del Historiador, la gerencia no permitió que los camarógrafos recogieran ese momento para su inclusión en el programa televisivo y para la memoria del arte digital cubano.
Ante la inseguridad por la desaparición de la obra y del cartel, sobre los que no hemos tenido explicación alguna, y esta actitud insólita e inadmisible que impidió el trabajo de la prensa en la actividad cultural de una institución que ha recibido, incluso, el apoyo de la Oficina del Historiador para su realización, el Comité Organizador del X Salón y el Centro Pablo han decidido retirar la exposición de ese lugar.
Las imágenes digitales y toda la información sobre la exposición Compartiendo sueños / Sharing Dreams se encuentran disponibles en el sitio web del X Salón: www.artedigitalcuba.cult.cu/10salon.
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
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| Tres de Arte Digital |
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Por Jesús Francisco Yagües Crespo
Tres importantes actividades, efectuadas el miércoles 4 de noviembre en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC, engalanaron el X Salón y Coloquio de Arte Digital: la presentación de dos carteles alegóricos al evento, la inauguración de la exposición
Jouissance y el estreno del audiovisual Dinero y cabezas.
El primer cartel, dedicado a los diez años de Arte Digital, fue realizado por el Premio Nacional de Diseño Gráfico, el maestro Héctor Villaverde, mientras que el segundo, centrado en este X Salón, corrió a cargo del joven profesor de la Universidad de la Ciencias Informáticas, Leriam Jiménez ganador del primer premio en la categoría de Obra Impresa en 2007. Las obras fueron presentadas por Víctor Casaus, Director del Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, inspirador del evento, quien recalcó que ambas se realizaron siguiendo la técnica artesanal del Taller de Serigrafía del ICAIC, trabajo que demuestra que el diseño tradicional puede convivir con el que resulta de las nuevas tecnologías y los estrechos vínculos de apoyo y ayuda incondicional que existen entre ambas instituciones.
Jouissance, vocablo francés que significa goce o placer, como expresión sexual; alegría, entendida como júbilo, y posesión, como disfrute de un bien material, es el título de la exposición de la argentina Alicia Candiani.
La artista explicó que la serie Jouissance se expuso por primera vez en la VI Bienal Internacional de Gráfica Contemporánea de
Trois Rivière, en Québec, Canadá, y que ahora llega a Cuba para satisfacción de ella y el beneplácito, que espera, reciba de parte de todos los cubanos, gracias a Casaus, a quien –dijo- tuvo la entrañable suerte de conocer a través de Internet y que a pesar de que muchos señalan al correo electrónico como algo frío e intrascendental, a ella le permitió acercarse a la personalidad humana y cálida del inspirador de los Salones de Arte Digital y participar finalmente es esta décima edición.
Jouissance tiene como punto de partida El libro de la risa y del olvido, de Milián Kundera y del significado que para este autor tiene, dentro del feminismo francés el término goce, Alicia realizó su propia interpretación; de ella nació el conjunto de imágenes que integran la muestra.
El cierre de la jornada estuvo a cargo de Dinero y cabezas, audiovisual de Ángel Alonso, ganador en salones anteriores y jurado del actual. Se trata de un corto de animación de 21 minutos de duración que, en apretada síntesis y con una línea de dibujo precisa y original de gran creación imaginativa, recrea libremente el cuento
Cambio de cabezas del cantautor y escritor uruguayo Leo Masliah. El célebre refrán, “por dinero se pierde la cabeza” es la máxima de esta obra, a la que se suma la ironía sobre el mercado del arte y que patentizan las imágenes de un supuesto
Museo del pensamiento, “…donde las cabezas de los donantes se exhibirán proyectando en una pantalla el contenido de sus mentes”.
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| Los muchos discursos del cuerpo humano |
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Por Estrella Díaz
Jouissance, de la reconocida artista argentina Alicia Candiani, es una de las muestras internacionales que ha suscitado, suscita, el interés del público cubano en la presente décima edición del Salón de Arte Digital, evento auspiciado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana.
La exposición –abierta hasta finales del próximo mes de diciembre en el Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC, Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos- extiende una mirada al imaginario femenino a través de la sensibilidad de esta artista amiga de Cuba y del Centro Pablo.
Pero ¿qué es y cómo nace Jouissance?
La VI Bienal Internacional de Gráfica Contemporánea de Trois Rivieres en Quebec, Canadá, es fundamentalmente de grabado. Participé en la primera edición y gané una residencia, que era uno de los premios. Estuve allí un mes y trabajé litografía y algo muy interesante porque son diez obras que tienes que presentar y eso es, casi, una exposición individual dentro de la Bienal.
Hice amistad con los directores y los artistas del grupo y, sorpresivamente, cambié hacia los medios digitales a pesar de que la Bienal nunca lo había aceptado hasta ese momento. Siempre que coincido con mis amigos los acuso de ser sectarios por no querer admitir esas nuevas técnicas.
Esa insistencia los llevó a aceptar -después de 10 años- a que en la Bienal se le dedicara un aparte al arte digital. Ese espacio era una serie de intervenciones en varios sitios de la ciudad.
Siempre acompaño mis obras con textos y empecé a incorporárselos en idioma inglés, pero inmediatamente -y para que los entendiera todo el mundo- los sustituí por el francés con el propósito de que se comprendieran. No olvidar que estas intervenciones iban a estar ubicadas en lugares públicos de Quebec, una ciudad francófona.
Siempre digo que no hay casualidades sino causalidades. En ese momento estaba leyendo un libro de Milán Kundera en el que se hablaba del concepto de la Jouissance, que es una palabra que quiere decir goce, disfrute.
Jouissance tiene una significación compleja que ha sido tomada por el psicoanálisis, por el feminismo temprano francés y por la sociología contemporánea. Es una palabra corta, pero que abarca un montón de cosas que tienen que ver con cómo uno mira al otro si el otro es el diferente, el distinto, cómo me diferencio de los demás y, también, tiene un concepto psicológico que va asociado con la parte sexual del individuo.
De todos los conceptos, el que más me interesó fue cómo el feminismo francés relaciona la mujer con los sentidos, con lo primitivo y con lo sensorial. En la instalación de la obra se ve cómo aparecen palabras que tienen que ver con el sentir, con el tocar, con el amamantar, con lo que la mujer –a lo mejor sin pensarlo- realiza cotidianamente y ese acercamiento que tiene al mundo a través de los sentidos.
Uní esta serie con algo que me ha interesado mucho en los últimos años: los mercados. He visitado y fotografiado mercados en distintas partes del mundo y los lugares despiertan mi Jouissance, mi sentido del goce porque tienen el olor de las comidas y de las frutas, tienen sabores que uno puede, visualmente, testear.
Los mercados suelen ser una fiesta porque están llenos de colores. Por ejemplo, el gran mercado de Estambul tiene cuadras de perlas, de oro, de plata, de sedas, de algodón, entonces, pienso en términos de texturas, de brillos y de colores… es algo que pasa por los sentidos, pasa por el oído, por los olores, por las músicas típicas.
Los mercados son el lugar donde una sociedad se muestra de una manera muy directa. Allí uno puede ponerse al tanto de la música que se escucha en ese país, ver sus dioses, cuáles son sus creencias religiosas. Por ejemplo, cuando caminas por los mercados de Cuba puedes ver la cruz cristiana y también el Elegguá. Pienso que los mercados son como la versión pequeña de la cultura en un solo espacio.
El tema femenino es recurrente en tu obra y, parece, que cada vez más es así…
La primera generación del feminismo norteamericano decía: “tu cuerpo es tu campo de batalla”. Han pasado cuarenta años de esa afirmación y las mujeres hemos adquirido muchos derechos.
No es un feminismo tardío lo que trato de hacer, pero sí creo que el cuerpo humano deposita muchos discursos: si uno habla de guerra la puedes tratar a través de la tortura, a través de la mutilación del cuerpo; si uno habla de enfermedades también lo puedes ver a partir de la decadencia del cuerpo humano; si hablas de placer o de tatuajes –expresando relaciones culturales- o sea que me parece que es un tema rico y que en este caso no es solo el cuerpo sino su relación con todos estos objetos que he ido recolectando de distintos lugares.
No creo que sea un tema que se agote, porque el cuerpo humano está en el arte de distintas maneras desde que empezó. Si echamos una rápida mirada a la historia del arte, vemos que el cuerpo humano ha sido el protagonista de todos los tiempos.
Evidentemente he dejado a un lado la abstracción y he elegido la figuración y dentro de ella el cuerpo femenino. Creo que el cuerpo puede depositar muchos discursos.
Tienes una hermosa relación con el Centro Pablo, pero es primera vez que logras materializar tu presencia en un Salón de Arte Digital…
Estoy feliz de decir ¡por fin estoy en un Salón de Arte Digital en La Habana! En 2003 me fui cuatro días antes de que comenzara y no hubo forma de quedarme; en el 2005 envié una conferencia porque estaba en otro país, ni siquiera estaba en Argentina.
Soy de las que cree firmemente que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Venir a Cuba cuando el Salón cumple diez años tiene un significado particular: es un evento especial, bien complejo por la cantidad de exposiciones y el coloquio que este año plantea interrogantes muy interesantes.
Creo que este Salón va a ser un hito, un quiebre, porque en una década han pasado muchas cosas en relación con el arte digital. Al inicio ni siquiera era visto como posibilidad y ahora está instaurado en los medios como disciplina artística.
De eso hablo en mi conferencia, de cómo se manifiestan en los medios digitales y en los circuitos internacionales del arte contemporáneo. Creo que este Salón es como un alto para un recomienzo de los próximos diez años con proyectos más ambiciosos. Me parece que para Cuba estos salones son muy importantes por la vigencia que tienen y esta frescura de los trabajos de los artistas cubanos se ha sido incentivados por el Salón.
Eres como un saltamontes: un día estás en China, luego en Canadá, después en España y más tarde en Estambul. ¿Cuáles son los planes para lo que resta de este año y para el primer semestre de 2010?
Este ha sido uno de los años en los que más he viajado: estuve casi 50 días en China en una residencia, después en Brasil, varias veces en Estados Unidos y, justamente, esta semana tenía una invitación a España que rechacé porque el Centro Pablo me había invitado hace ya un año.
Ellos corrieron la fecha y cuando regrese a Argentina estaré tres días y parto hacia España a participar en Ingráfica, que es un Festival Internacional de Gráfica Contemporánea y es la segunda ocasión que se realiza en la ciudad de Cuenca, en España.
Allí haré una actividad con la Universidad de Castilla la Mancha donde impartiré un seminario sobre foto-litografía con estudiantes y profesores de ese centro de altos estudios. Después en diciembre, tenemos un grupo grande de artistas que están yendo a Argentina a trabajar en el Proyecto ´ace que dirijo y el año que viene tengo Alaska. Voy a continuar el proyecto autorretrato que desarrollo desde hace siete años.
El Proyecto ´ace es un sueño hecho realidad. Es un centro de residencia artística que fundé en el 2003 y que logramos tener una sede nueva en el 2005, así que el año que viene cumpliremos nuestros primeros cinco años.
El objetivo está centrado en la gráfica, los nuevos medios y la fotografía, es decir, que tiene mucha relación con el Centro Pablo en ciertas cosas. Los artistas vienen a residir, entre tres semanas a un mes, y a producir un grupo de obras que, luego, se exponen allí.
Una de las ideas que traigo a La Habana es hacer enlaces con un grupo de artistas cubanos que se dedican a trabajar con los medios digitales.
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| Se debate en el Centro Pablo sobre Arte Digital |
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El Coloquio del X Salón de Arte Digital comenzó este miércoles 4 de noviembre en la Galería Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau como soporte teórico de un evento que reafirma su validez y alcance, y que se asienta en la defensa de lo plural.
Los intercambios se iniciaron con la sección Conocerse y conversar, en la que se presentan los ganadores de este X Salón y sus obras, las cuales reflejan la diversidad estética y temática de los jóvenes creadores cubanos que apostaron por las nuevas tecnologías.
Un denominador común entre los premiados es la variedad de su formación artística y profesional –pintura, diseño, grabado, arquitectura- y el hecho de que recién comienzan a andar por los caminos del arte digital.
Especial interés despertó entre los asistentes al coloquio la obra Revelaciones, de Alexis Jacas, ganador del Primer Premio en la categoría de Audiovisual, quien utiliza de manera audaz y abarcadora el concepto de Revolución del líder cubano Fidel Castro. Asimismo impresiona el Primer Premio en Obra Impresa, Memorias…, de Edgar Hechavarría, con sus torniquetes/molinos de viento/separadores, naciendo del mar frente al Malecón habanero.
La primera ponencia de la jornada fue presentada por la artista digital argentina Alicia Candiani bajo el título Nuevos medios, viejas historias: la presencia de los medios digitales en los circuitos internacionales del arte contemporáneo (ver texto íntegro de la ponencia en nuestro sitio web www.artedigitalcuba.cult.cu/10salon/).
En su exposición Alicia Candiani, quien ha estado vinculada a los Salones de Arte Digital desde su nacimiento, consideró que las obras impresas expuestas este año demuestran la madurez alcanzada por los artistas digitales cubanos, quienes ya han logrado “que desaparezca la herramienta y solo quede la idea que quieren expresar”.
Tras recordar que el arte contemporáneo no tiene fronteras, la artista argentina aseguró que los medios digitales no están ya en discusión. “Ellos –sentenció- permiten lo múltiple, destruyen la obra única, hacen que el artista genere su obra desde la multiplicidad”.
La ponente destacó la importancia y autenticidad del arte digital que se hace en América Latina, en la mayoría de las ocasiones con pocos recursos y mucha imaginación, y señaló que en esta región esa expresión artística tiene que ver con la identidad, con la memoria. “Este Salón da fe de ello”, apuntó.
Al debatir sobre los conceptos adelantados por la Candiani, el destacado fotógrafo mexicano Pedro Meyer consideró que las diferencias económicas se registran no sólo entre las regiones sino, incluso, entre sectores del propio Primer Mundo, y consideró que lo más importante es la capacidad y la voluntad creadora del artista.
Por su parte el promotor cultural argentino Álvaro de Salvo presentó su ponencia Comunidades virtuales en la cultura – una experiencia práctica (ver texto íntegro en nuestro sitio web www.artedigitalcuba.cult.cu/10salon/), en la que destaca la importancia de las Redes Sociales como una nueva plataforma virtual para interactuar alrededor de un objetivo social.
“Estos espacios que brinda la tecnología –dijo- posibilitan la interrelación entre personas del plano real, el intercambio de experiencias, contenidos e información que convergen en un diálogo compartido”.
El primer día del Coloquio, con la presencia de un público atento y mayoritariamente joven, concluyó con un panel de diseñadores cubanos que participaron en el proyecto Sharing Dreams/Compartiendo sueños, que unió durante cinco años a creadores de Cuba y Estados Unidos.
Los panelistas coincidieron en destacar la libertad creativa que caracterizó a ese proyecto, lejos de los habituales carteles por encargo, así como la calidad técnica y el gran formato que les permitió manejar soluciones estéticas pocas veces empleadas.
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Sobresale avileño en X Salón de
Arte Digital |
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El joven artista de la plástica avileña Lainier Díaz López consiguió una de las tres menciones que otorgó el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau en ocasión de efectuarse el X Salón y Coloquio de Arte Digital.
En esta convocatoria Lainier presentó la obra Sujeto omitido, consistente en un trabajo audiovisual que al decir del jurado se destaca por la síntesis y la validez del mensaje artístico.
Lainier es estudiante de tercer año del Instituto Superior de Arte de la Habana y recién había obtenido el máximo estimulo en el Salón Provincial de Artes Plásticas
Raúl Martínez de Ciego de Ávila, por su video-instalación Silent Screen.
Otros cuatro creadores locales se incluyeron entre los finalistas del citado concurso Luís Enrique Milán, Reinaldo Echemendia, Jairo Gutiérrez y Reguel Altunaga, quienes consiguieron que sus creaciones pasaran la curaduría.
Según la prensa nacional, el Salón reveló la consolidación del arte digital en el amplio espectro de la cultura cubana contemporánea, el nivel de calidad de las obras presentadas y la elevada participación de mujeres creadoras.
(Tomado de Radio Surco)
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| Comenzó la fiesta del Arte Digital |
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Por Vivian Núñez
Todos los espacios del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau se llenaron el martes 2 de noviembre de imágenes y sonidos para dar comienzo al X Salón y Coloquio de Arte Digital, evento que demuestra, por la creciente cantidad y calidad de sus participantes, que se está ganando la apuesta a favor de la imaginación y la belleza hecha hace una década.
Al inaugurar el Salón en un repleto patio de las yagrumas, el director del Centro, Víctor Casaus, recordó que desde un inicio se apostó, además, “a favor de la inteligencia y los principios, a favor de la ética y la participación crítica; a favor de la presencia cada día más necesaria de los jóvenes en estas aventuras de la creación artística y en otras muchas esferas de la vida del país; y apostamos, al mismo tiempo, contra el bloqueo casi cincuentenario, contra la ignorancia, el oportunismo y la burocracia, madre de muchos males que entorpecen el trabajo creador y la gestión participativa”.
Añadió Casaus que diez años después “confirmamos con alegría y orgullo que estas nuevas formas de creación artística llegaron para quedarse en el vasto panorama de la cultura cubana y que, juntos, hemos creado este sitio de creatividad, participación y resistencia cultural”.
En el mismo escenario donde el último sábado de cada mes canta un trovador, donde se han entregado los Premios
Pablo, donde tantas hermosas y diversas acciones culturales han ocurrido, el director del Centro destacó la diversidad de las exposiciones que conforman este X Salón, como expresión, dijo, de la poética/política de la institución: “acercar uniendo; discutir respetando; participar criticando; hacer imaginando; soñar haciendo”.
La crítica y profesora de arte Carina Pino Santos, a nombre del jurado de este X Salón, dio a conocer a los ganadores, que fueron: en la categoría de Obra impresa, menciones a Yamilé Barceló por su obra
El viaje y a José Antonio Bertot por H2Problem; tercer premio a Yosleiby Fernández Mesa (Yoslo) por Aire de calamina; segundo premio para Yamilis Brito Jorge por
La cruda realidad y el primer premio a Edgar Hechavarría Ricardo por el díptico
Memorias.
En la categoría de Audiovisual, el jurado decidió otorgar menciones a Néstor Kim Enríquez por su obra
Plan C, a Lisandra López Sotuyo por Estigma y a Lainier Díaz López por
Sujeto omitido. El tercer premio recayó en Laura Tariche Arrinda y Yimit Ramírez González por
Reflexiones; el segundo premio fue para Yamil Garrote Palau por Origami y
La Vaca, y el primer premio fue concedido a Alexis Jaca Águila por Revelaciones
(Ver el Acta del Jurado).
En esta jornada se inauguró también la exposición de carteles 10 x10: 10 años de Arte Digital, en la que esta década de salones y coloquios fue recordada por igual número de diseñadores gráficos. Sus obras no estuvieron esta vez en las paredes de la Sala
Majadahonda como en tantas otras ocasiones, sino que colgaron de los balcones, llenando el patio de formas y colores.
“Diez carteles y un único mensaje: celebrar y perpetuar lo realizado en estos nuevos, inquietantes territorios de la creatividad, con lo que se pone de manifiesto el sentir y el decir de aquellos que, durante todos estos años, han contribuido a hacer del Centro
Pablo lo que es: un espacio imprescindible del acontecer cultural de la capital y, por extensión, de la nación”, dijo el crítico de arte Jorge R. Bermúdez al comentar la muestra.
A la inauguración del X Salón y Coloquio de Arte Digital llegó también, por vía electrónica, el mensaje de solidaridad de la artista norteamericana Toni O´Bryan, una de las creadoras del proyecto
Sharing Dreams/Compartiendo sueños, gracias al cual y durante cinco años diseñadores de Cuba y Estados Unidos se hermanaron en el arte, por encima de los cercos y los bloqueos. “Este proyecto fue una fiesta de la amistad, el aprendizaje y el intercambio, que va más allá de las barreras políticas y económicas que separan a nuestros dos países”, aseguró.
Participaron en esta jornada, entre los invitados al Salón, el fotógrafo mexicano Pedro Meyer, la artista argentina Alicia Candiani, el fotógrafo mexicano Juan San Juan, el promotor argentino Alvaro de Salvo y el pionero del arte digital en Cuba y artista plástico Luis Miguel Valdés, radicado en México. También asistieron el viceministro de cultura Fernando Rojas, el pintor Adigio Benítez, el escritor Pablo Armando Fernández y la cineasta Estela Bravo, entre otras personalidades de la cultura nacional.
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El futuro de la imaginación se revela en
La Habana |
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Por Yanelis Abreu (Tomado de CUBAHORA)
El X Salón y Coloquio de Arte Digital perpetuará su empeño en la integración de los lenguajes artísticos más renovadores en este comienzo de siglo.
Hace una década el arte digital en Cuba emergía casi desconocido. Hoy vive una consolidación evidente gracias a los Salones de Arte Digital, espacios que han apostado por la diversidad estética y la imaginación, ligada al desarrollo de las nuevas tecnologías.
El X Salón de Arte Digital convocado y organizado por el Centro Pablo de la Torriente Brau, incluye este 2009 más de una veintena de exposiciones y la participación de un gran número de artistas nacionales e internacionales.
El aumento de la cifra de audiovisuales en competencia y la juventud de los participantes y sus diversas procedencias, son los rasgos distintivos. El jurado seleccionó 28 obras impresas y 23 audiovisuales, de un total de 142 artistas.
Esta vez, el objetivo central del salón es mostrar las confluencias entre el arte digital y otras manifestaciones como el grabado, la fotografía, el video y el diseño gráfico.
Entre las exposiciones extranjeras se incluyen las muestras Jouissance, de la argentina Alicia Candiani, quien participa en los salones desde el 2000 y es una de las más reconocidas dentro del arte digital en América Latina, y
Fotografías recientes, del mexicano Pedro Meyer, uno de los más prestigiosos fotógrafos mexicanos contemporáneos y pionero en el empleo de las nuevas tecnologías digitales.
La exposición Caminos, del joven fotorreportero catalán Juan Miguel Morales, desarrolla con las instantáneas de trovadores y cantantes populares de Suramérica la tesis de los vínculos comunicativos entre la fotografía digital y la analógica.
Por quinto año consecutivo se presentará el proyecto Sharing Dreams (Compartiendo sueños), en el que intervienen diseñadores estadounidenses y cubanos. Mezcla del arte digital y el diseño gráfico, el proyecto ha propiciado la creación de excelentes carteles y el diálogo desprejuiciado y amistoso.
Cinco salones conjuntos terminan ahora con la exhibición de Ciertas Visiones, un recuento fotográfico del intercambio. En esta ocasión participarán 35 artistas cubanos, acompañados por dos videos: uno realizado por Eduardo Moltó y otro por Katia Hernández, sobre las visiones cubanas de lo que significa
Sharing Dreams.
Entre las exposiciones nacionales figura Homenaje, muestra especial dedicada a la obra del fallecido diseñador cubano José Gómez Fresquet (Frémez) y a Luis Miguel Valdés, ambos pioneros del diseño digital en el país.
Desenfoques, de los artistas Katia Hernández y Enrique Smith; Vida, del Proyecto
Siamés (compuesto por los hermanos Eduardo y Orlando García) y el videoarte
Dinero y Cabezas, de Ángel Alonso, ganadores todos de los salones anteriores, también se integran al programa.
La exposición 10 x 10, en homenaje al décimo aniversario del Salón, reúne los carteles de diez artistas cubanos de diversas generaciones y tendencias estéticas. Cada uno confeccionó obras de dos metros que se mantendrán expuestas en el balcón del centro promotor, en la calle Muralla de la Habana Vieja.
Un momento especial será el del proyecto Arte sin fronteras organizado por el Taller
La siempre Habana, del artista Luis Miguel Valdés. Sobre las impresiones de las imágenes digitales del mexicano Juan San Juan intervendrán
in situ, con sus óleos y pinceles, los creadores cubanos Adigio Benítez, Agustín Bejarano, Ángel Ramírez, Aziyadé Ruiz, Zaida del Río, Nelson Domínguez, Ever Fonseca, Diana Balboa, Eduardo Abela, Nelson Domínguez y Rigoberto Mena.
Por su parte, el coloquio habitual incluye la reflexión abierta sobre temas relacionados con las comunidades virtuales en la cultura, el recurso digital en los circuitos del arte contemporáneo internacional, el
net art y las nuevas miradas del audiovisual joven en Cuba.
Cuando se entreguen los premios ¬-computadora, impresora y escáner¬, objetos imprescindibles para las creaciones de este tipo- el X Salón y Coloquio de Arte Digital perpetuará su empeño en la integración de los lenguajes artísticos más renovadores en este comienzo de siglo.
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| Homenaje a dos pioneros abre programa del Salón de Arte Digital |
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Un excelente preámbulo de la fiesta que promete ser el X Salón y Coloquio de Arte Digital que organiza el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, constituyó la inauguración este lunes 2 de noviembre, a las 5 de la tarde, en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, de la exposición
Homenaje a José Gómez Fresquet (Frémez, 1939-2007) y Luis Miguel Valdés (1949), considerados pioneros de esa expresión artística en nuestro país.
La muestra reúne desde los primeros trabajos apoyados en la tecnología digital hasta los más recientes realizados por Valdés, así como las últimas creaciones de
Frémez, gracias al aporte del propio Taller y de la familia de este último, que generosamente contribuyó a la curaduría, según explicó Estrella Díaz, una de las curadoras.
En las palabras de presentación de Homenaje, Víctor Casaus, director del Centro
Pablo, celebró el emplazamiento de la exposición en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, pues refuerza uno de los objetivos de estos Salones y de la institución cultural que los ha llevado adelante por más de una década: “la fusión de diferentes ramas y entidades artísticas”.
“Aquí se reúne la obra de dos grandes artistas que son, a su vez —porque precisamente esa es la mixtura hermosa que tiene la realidad y el arte mismo—, grabadores, artistas digitales, creadores en una extensión alta de la palabra:
Frémez y Luis Miguel”, apuntó Casaus, y subrayó el hecho de que este último “tiene para nosotros el grado de adelantado del Arte Digital en Cuba”.
Recordó que “en la década de los ochenta, cuando nadie pensaba ni soñaba con el Arte Digital en nuestro país, Luis Miguel, desde un pequeño taller en el Instituto Superior de Arte, creó las primeras obras digitales cubanas, que forman parte de la memoria de este arte que hoy ha encontrado, gracias al talento de los creadores, un espacio en la cultura cubana”.
El director del Centro Pablo adelantó parte del programa del X Salón y Coloquio de Arte Digital, que se inaugura oficialmente este martes 3 de noviembre, con la entrega de los Premios en la sede de la institución, a las 5 de la tarde, y que comprende además, en apretado itinerario, exposiciones de artistas amigos de otros países como la argentina Alicia Candiani, el mexicano Pedro Meyer y el catalán Juan Miguel Morales.
“Tendremos también, por supuesto, la sorpresa que casi no lo es de que este Salón de Arte Digital ha descubierto más de una generación de artistas jóvenes y talentosos. Esa es nuestra mayor alegría”, concluyó Casaus, antes de ceder la palabra a Luis Lara, director del Taller Experimental de Gráfica de La Habana, quien participó en la curaduría de la muestra.
Lara celebró esta primera colaboración entre el Taller y el Centro Pablo en el marco de los Salones de Arte Digital, y subrayó el hecho de que tanto
Frémez como Luis Miguel fueron fundadores de esa institución. “A pesar de las limitaciones técnicas y de recursos, se atrevieron y apostaron por este arte que nos llega hoy, consolidado, gracias a la imaginación de quienes como ellos asumieron el reto y lo hicieron posible”, destacó.
Apuntó además que “las piezas que conforman esta exposición nos muestran la capacidad creativa de
Frémez y Luis y nos alientan a arriesgarnos siempre por nuestros sueños”.
Por su parte, Luis Miguel Valdés, visiblemente emocionado, evocó momentos fundacionales de ese Taller donde muchos grabadores cubanos “nacieron” a ese arte complejo e integrador. “Estoy absolutamente orgulloso de que ustedes nos acompañen, de acompañarlos a ustedes”, dijo, y añadió que se siente feliz de recibir en el Taller este homenaje “a dos tipos que, en definitiva, hicimos cosas”.
Recordó que el Taller “es la casa de todos los grabadores y artistas” y celebró la oportunidad de estar ahora del lado de los homenajeados, pues antes ha estado y después estará del lado de los que rinden su homenaje a otros colegas. Por último, agradeció al Centro, a su esposa y a su nieta, así como a sus amigos y grabadores cubanos, de quienes dijo que “se han incorporado a este mundo del ARTE sin apellidos. Somos artistas y
palante”, concluyó.
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| X Salón de Arte Digital |
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Por Ada Oramas (Tomado de Tribuna de La Habana)
La décima edición del Salón de Arte Digital mostrará la amplitud de las vertientes que adopta este género en interacción con la gráfica, el documental y las artes plásticas a través de diversas propuestas, desde el 2 hasta el 7 de noviembre, en una programación que tendrá por sede principal el Centro
Pablo de la Torriente Brau, en la calle Muralla No. 63 entre Oficios y Churruca, en el Centro Histórico de la Ciudad.
Como un preludio al conjunto de opciones quedará inaugurada la exposición Homenaje, consagrada a la obra de José Gómez Fresquet (Frémez) y Luis Miguel Valdés, en el Taller de Gráfica de La Habana, el 2, a las 5:00 p.m.; y una hora después se presentará una retrospectiva internacional de los salones, de la cuarta a la sexta edición.
La inauguración oficial del evento y la entrega de premios del X Salón se efectuará el día 3, a las 5:00 p.m., en el centro auspiciador, donde seguidamente se efectuará la apertura de la expo
10 x 10, una retrospectiva de diez años de arte digital; y la presentación del cuaderno
Memoria, que sintetiza en texto e imágenes las características de los diez salones dedicados a esta manifestación, a lo cual seguirá un programa de audiovisuales correspondiente a esta edición.
En horas de la mañana, a partir de las diez, se efectuará el Coloquio de Arte digital, desde el 4 hasta el 6, en la sala
Majadahonda del Centro Pablo de la Torriente Brau. Durante el evento serán inauguradas diferentes muestras, entre las que se destacan
Desenfoques, de Katia Hernández y Enrique Smith, en la Casa Alejandro de Humboldt de la Oficina del Historiador.
Forman parte de estas propuestas la muestra fotográfica Ciertas visiones, con obras de artistas norteamericanos del proyecto
Sharing Dreams/Compartiendo sueños, en el hotel Ambos Mundos y el estreno del audiovisual
Dinero y cabezas, de Ángel Alonso, en la sala de proyecciones del Centro Cultural cinematográfico ICAIC, el 5, a las 6:00 p.m.
El momento culminante del evento ocurrirá el día 6, entre las 3:00 y las 6:00 p.m., cuando artistas cubanos de primera línea aporten sus creaciones a las imágenes digitales de Juan San Juan en el patio del Centro
Pablo. Tomarán parte en esta experiencia Adagio Benítez, Agustín Bejarano, Angel Ramírez, Aziyadé Ruiz, Diana Balboa, Eduardo Abela, Ever Fonseca, Nelson Domínguez, Rigoberto Mena y Zaida del Río.
A partir de las 6:00 p.m. de los días 6 y 7, continuará proyectándose el programa de audiovisuales en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC.
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Inauguran en Cuba
X Salón y Coloquio de Arte Digital |
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La Habana, 3 nov (PL)
Creadores de varias generaciones se reunirán desde hoy aquí en el X Salón y Coloquio de Arte Digital, para analizar el desarrollo y futuro de esta manifestación en América Latina y Europa.
A la cita, oganizada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, asistirán la argentina Alicia Candiani, el mexicano Pedro Meyer y el cubano radicado en México Luis Miguel Valdés, entre otros invitados.
De Meyer, curador, editor y fundador del Consejo Mexicano de Fotografía, se exhibirá una muestra que abarca parte de su trayectoria. Además intercambiará experiencias con jóvenes artistas de la isla en el Coloquio Internacional que sesionará durante tres días.
Candiani, considerada una de las figuras más destacadas del audiovisual y la gráfica del continente, presentará
Jouissance.
Al hacer un resumen de esta década, el director del Centro Pablo, Victor Casaus, afirmó que cada año el Salón adquiere mayor relieve.
Aunque su apertura será hoy, la víspera se inauguró, en el Taller de Gráfica de La Habana, una exposición en homenaje al fallecido artista gráfico cubano José Gómez Fresquet (Frémez),
Para celebrar estos 10 años los organizadores prepararon un programa que incluye debates teóricos, proyecciones de audiovisuales y exposiciones individuales y colectivas.
Una de ellas será Sharing Dreams, que desde hace cinco años une a creadores norteamericanos y cubanos.
Desde su fundación, en el Salón han participado artistas, diseñadores y fotógrafos de más de 30 países.
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| Diez años de Arte Digital en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau |
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Por Michel Hernández (Tomado de Granma)
El X Salón de Arte Digital quedará instalado en el Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau de la ciudad de La Habana, desde el 3 y hasta el 8 de noviembre,
con un amplio y diverso programa que se inaugurará con la entrega de premios a
las mejores obras presentadas a esta edición. La jornada inicial comprende, además,
la apertura de la muestra 10 x 10, Diez años de arte digital, y la presentación
del cuaderno Memoria que realiza una retrospectiva por la historia de estos
encuentros hasta la actualidad.
Si bien el pistoletazo de arrancada se dará el 3 de noviembre a las 5: 00 p.m.,
los organizadores del evento, encabezados por el poeta y cineasta Víctor Casaus,
director del Centro, empiezan a calentar motores desde el 2 de noviembre, con la
puesta en marcha de la exposición Homenaje que comprende grabados y obras digitales
de José Gómez Fresquet (Frémez) y Luis Miguel Valdés, a las 5:00 p.m. en el
Taller de Gráfica de la Habana, en la Plaza de la Catedral.
Otro de los momentos significativos del encuentro será la inauguración el
jueves de tres importantes exposiciones: Caminos, del español Juan Miguel Morales,
cuya presentación, en la Casa Simón Bolívar a las 3:00 p.m., estará a cargo de su
compatriota, Xavier Pintanel; Fotografías recientes, del renombrado fotógrafo
mexicano Pedro Meyer, y Vida, del proyecto Siamés, integrado por Eduardo y
Orlando García. Estas últimas se expondrán en el Centro Hispanoamericano de Cultura a las 5:00 p.m.
El viernes 6 de noviembre, de 3 a 6:00 p.m., el Salón tendrá una de sus fechas
culminantes, cuando llegue, al patio del Centro Pablo, el proyecto Arte sin fronteras
del taller La Siempre Habana, fundado por el grabador Luis Miguel Valdés y en el que
intervendrán notables creadores cubanos como Adigio Benítez, Agustín Bejarano, Ángel
Ramírez, Aziyadé Ruiz, Diana Balboa, Eduardo Abela, Ever Fonseca, Nelson Domínguez,
Rigoberto Mena y Zaida del Río.
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Por Mireya Castañeda (Tomado de Granma Internacional)
No es extraño que el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau abra puertas hacia el futuro. Tampoco es una exageración decir que no hay en la isla otra institución similar en proporciones con su capacidad de trabajo. Son muchos programas, muchos proyectos. El Centro es algo más que un lugar de trabajo. Es todo un estilo. Su gente se enamora de los proyectos y eso es básico. Es la compenetración que les permite poder hacer varias cosas a la vez. Están además los propios artistas que se enamoran del Centro. Tienen allí un espacio que no hay en otras partes. Hay un reconocimiento de lo auténtico.
De entre esos muchos programas, la conversación esta vez con el director del Centro, el poeta Víctor Casaus, va a girar en torno al X Salón de Arte Digital (3-8 noviembre), que es sin dudas el evento más importante que tiene el centro en lo que queda de año.
Una década, así que seguramente será una fiesta en grande…
VC: Así es, estamos trabajando mucho para lograrlo. Te diré que hay dentro del evento una serie de acciones que van dirigidas a recordar ese 1999 fundacional y también lo que fue el Salón en estos años. Será como siempre, por un lado competitivo para los artistas cubanos, tanto en la modalidad de obra impresa como audiovisual, y por otro una edición homenaje a los artistas digitales que nos han acompañado.
Hablemos del concurso…
VC: Hemos tenido un crecimiento que nos alegra y nos alienta mucho en cuanto al audiovisual, el doble de obras presentadas. Es muy importante porque refleja otras cosas, como la intensa actividad que hay en cuanto al video, sobre todo entre los jóvenes. La participación de obra impresa se mantiene como un espacio ya consolidado. Los premios, como siempre ha sido y seguirá siendo, son equipos para que los jóvenes que ganan puedan seguir trabajando. Es algo loable, son computadoras, scanners, impresoras.
¿Cómo van a recordar los diez años?
VC: Hay varias muestras de artistas invitados. Por ejemplo, el gran fotógrafo mexicano Pedro Meyer, muy activo en el tema de las nuevas tecnologías, una persona batalladora en muchos sentidos en el campo de la fotografía. El acompañó a las tropas sandinistas haciendo sus fotos cuando la ofensiva en 1999 y ahora estuvo en el homenaje al poeta Ernesto Cardenal en Jalapa, donde coincidió con Silvio, Galeano y otros artistas. Pedro es uno de los invitados con una exposición en el Centro Hispanoamericano de Cultura, a inaugurarse el 5 de noviembre, y tiene una conferencia en nuestro Coloquio, que damos paralelamente al Salón.
Otra invitada querida e importante es Alicia Candían, una de las grandes artistas audiovisuales y gráficas de Argentina, con un currículo impresionante, y tenemos la alegría de que la conocimos cuando ese currículo empezaba, cuando nació el Salón. Ella trae una muestra muy hermosa que se va a inaugurar el 4 de noviembre. Tenemos invitado también a un artista joven español, Juan Miguel Morales, con el que vamos a explorar la relación entre la fotografía digital y la analógica. Además de su exposición, Caminos, la mitad hecha en técnica digital y la otra con los métodos analógicos tradicionales, brindará una conferencia en esa vertiente.
¿De los nueve salones anteriores?
VC: Sí, igual. Estamos preparando otras muestras de ganadores de los salones anteriores, y por ejemplo Katia Hernández, también ganadora, tiene una muestra personal, igual que el proyecto Siamés, Orlando y Eduardo García, ganadores de un primer premio, organizan una hermosa muestra que se llama Vida.
Sharing dreams…
VC: Vamos a continuar con el proyecto Sharing dreams/Compartiendo sueños que por cinco años hemos hecho con diseñadores norteamericanos y ahora vamos a hacer una especie de mirada de lo que ha sido con una exposición fotográfica. Estará en el hotel Ambos Mundos en la sala Del Monte, acompañado por dos videos, uno realizado por Eduardo Moltó y otro por Katia Hernández, la visión cubana de lo que es Sharing dreams.
Me han hablado de una exposición desde el balcón…
VC: Es a partir del diseño grafico, ese modo de hacer que es artístico también, y tiene la virtud de la comunicación de ideas. Primero hicimos un concurso sobre Pablo de la Torriente Brau, después sobre Miguel Hernández, la Nueva Trova, y encontramos para nuestra alegría una zona donde hay por lo menos dos generaciones de gráficos jóvenes que a su vez son artistas digitales. Uniendo esas experiencias tenemos la exposición 10 x 10, en homenaje al décimo aniversario del Salón. Cada uno de los diez ha hecho una obra de un metro por dos, que va a estar aquí en el balcón de nuestro Centro hacia la calle Muralla.
¿Aún no es todo?
VC: Pues no. Otra forma de interacción es un proyecto importante, por el artista que lo promueve y los que van a participar. Es el que trae Luis Miguel Valdés, grabador, artista digital, fundador en los años 80, en el Instituto Superior de Arte, que fue la primera experiencia aquí de arte digital. Se ha mantenido un amigo cercano del Salón y nos ha propuesto este año este proyecto hermoso que une el arte digital con la plástica. Luis Miguel tiene en México, desde principios de los 90, un taller que se llama La siempre Habana, muy reconocido, donde han grabado los mejores artistas mexicanos y también una veintena de cubanos, entre ellos Fabelo, Choco, Zayda, Nelson, Tomás Sánchez. Son grabados de una calidad técnica enorme. Luis Miguel los ha invitado a este proyecto conjunto que se expondrá en el patio del Centro. Una especie de performance que va a ser el final del Salón. Él va a traer obras digitales no terminadas, una base, impresas en lonas para que sobre ellas los artistas trabajen, haciendo una fusión que nos interesa mucho, sirve para combatir los prejuicios de unas artes sobre otras. Unir a los artistas plásticos con los digitales.
Recordemos la llegada al Centro del arte digital, prácticamente desconocido aquí...
VC: Una de las cosas que ha animado el trabajo de la gente del Centro es lo que llamamos una poética-política de búsqueda de caminos y sobre todo de integración de lenguajes y de gentes. Nunca hemos visto la creación artística como algo aislado, en su coto, en su pequeño territorio, sino hemos tendido a tratar de unir a los trovadores con los artistas plásticos, a los diseñadores gráficos con los digitales. Ratificando que la creación artística, sobre todo en los tiempos que corren, ya no es la que tendía a este tipo de especialización, sino que nuestra época propone a partir de las nuevas tecnologías, una poética y una proyección del trabajo que tiende a esta mixtura de las artes. Este encuentro con el arte digital lo comenzamos como una aventura de la imaginación, no se conocía entre nosotros el arte digital en 1999. Esto ocurrió precisamente por la interacción. Fuimos llevando a Puerto Rico una Jornada sobre Pablo de la Torriente Brau para que se le conozca mas en la isla donde nació, y allí había un evento organizado por tres artistas puertorriqueños, que se llamaba Un lienzo para Pablo, y ese lienzo era digital. Ellos eran incipientes artistas digitales. Vinieron al año siguiente y dieron un taller que fue muy importante porque asistieron los artistas jóvenes que al año siguiente fueron los participantes y los ganadores del Primer Salón. De manera que el arte digital llegó a través de Pablo.
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Por Estrella Díaz
Se acerca noviembre y con el penúltimo mes del año el X Salón y Coloquio de Arte Digital, evento que auspiciado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau ofrece la oportunidad de enfocar una mirada cercana y exhaustiva a esa manifestación tan contemporánea y cada vez más aceptada y reconocida en los circuitos internacionales.
En estos momentos, el comité organizador del evento (que comienza el 2 de noviembre) trabaja en perfilar detalles, pero ya están confirmadas las exposiciones de los artistas de otras latitudes que nos acompañarán en esta fiesta que desde sus inicios –hace ya una década- siempre apostó por caminos nuevos e indagatorios.
En el Centro Hispanoamericano de Cultura podrá verse una muestra personal del mexicano Pedro Meyer, uno de los pioneros y más reconocidos exponentes de la fotografía contemporánea y quien fue fundador y presidente del Consejo Mexicano de Fotografía y organizador de los tres primeros Coloquios Latinoamericanos de Fotografía.
Meyer ha sido maestro, curador, editor, fundador y director del reconocido sitio ZoneZero, el cual alberga el trabajo de más de mil fotógrafos de todo el mundo y es visitado por alrededor de 500 mil personas al mes. Publicó el primer CD ROM con sonido e imágenes que se hizo en el mundo bajo el título Fotografío para recordar y es autor de varios libros entre los que se destacan Tiempos de América, Espejo de espinas y Los cohetes duraron todo el día.
Igualmente en la sede del Centro Hispanoamericano, pero en una sala de dimensiones más pequeñas, se verá la propuesta Vida del proyecto Siamés (integrado por Orlando y Eduardo García) y que emplea las técnicas digitales para subrayar los misterios de la concepción.
Alicia Candiani (Buenos Aires, Argentina) es una muy reconocida artista de la plástica y digital que ha asistido en otras ocasiones a los salones habaneros y llegará a la Isla acompañada de su exposición Jouissance, que incluye imágenes generadas digitalmente. Esa muestra podrá ser vista en el Centro Cultural Cinematográfico del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, ubicado en la Calle 23, una de las arterias más importantes de la capital.
La Candiani, graduada de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, como Licenciada en Artes y Arquitectura, se especializó en Medios Digitales en la Iowa State University en Estados Unidos, ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en Canadá, Estados Unidos, México, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Ecuador, Brasil, Argentina, Perú, España, Italia, Francia, Polonia, Hungría, Bulgaria, Inglaterra, Noruega, Estonia, Suecia, República Checa, Polonia, Japón, Macao, China, India y Egipto.
Por su parte, Luis Miguel Valdés, considerado pionero del arte digital en Cuba y quien comparte su vida entre La Habana y México, acudirá, junto al fotógrafo azteca Juan San Juan Rebollar al X Salón con un proyecto que involucra a un grupo de artistas cubanos que, en algún momento, han trabajado en su taller de grabado La siempre Habana enclavado en tierras mexicanas.
Valdés traerá unas impresiones digitales en lona en un tamaño de dos metros de largo por uno de ancho y sobre ellas se pintará a la manera convencional. Hasta el momento han confirmado su participación artistas de la maestría de Diana Balboa, Ángel Ramírez, Eduardo Abela y Rigoberto Mena, entre otros. Esa acción plástica está prevista para el viernes 6 de noviembre en la sede del Centro Pablo, donde permanecerá expuesta hasta finales de octubre.
Otro momento hermoso del X Salón será la exposición / homenaje que se exhibirá en la sede del Taller Experimental de Gráfica de La Habana (TGH) y que estará dedicada a dos precursores del arte digital en Cuba: Luis Miguel Valdés y José Gómez Fresquet (Frémez), éste último ya fallecido. La muestra tiene el propósito de exhibir parte de la obra gráfica que de estos dos maestros atesora el Taller y, a la vez, combinarla con el trabajo en digital realizado por ambos.
Frémez durante años fue el director de esa institución –con sede en la emblemática Plaza de la Catedral de La Habana Vieja- y Luis Miguel se incluye en el grupo de grabadores que desarrolló una parte importante de su quehacer en el TGH.
También viajará a La Habana el fotógrafo español Juan Miguel Morales (Almería, 1967) y en la Casa Simón Bolívar se exhibirá una muestra personal titulada Caminos que constituye dos miradas: “a lo andino, con el huayno de fondo, como el llanto de un pueblo maltratado, frente o junto a algunos de los protagonistas del mundo del flamenco, otra manifestación cultural con regusto a quejío, a dolor viejo, pero de los pueblos del sur del Estado español especialmente”, asegura el artista.
El Salón quedará inaugurado con la entrega de los premios (martes 3 en la sede del Centro Pablo); en la galería delantera (planta baja) se mostrarán los premios y menciones, en la Sala Majadahonda (planta alta) y en la galería trasera (del emblemático patio de las yagrumas) una selección del jurado. Es decir, que todos los espacios estarán cubiertos por el quehacer de los artistas cubanos que han asumido el arte digital como herramienta creativa.
Ese mismo día comenzará a exhibirse la muestra 10 x 10, 10 años de Arte Digital, que surgió a partir de la invitación a un grupo de diez diseñadores para que realizaran una obra dedicada al decenio del arte digital cubano. Esas obras serán impresas en grandes telones que se expondrán en el balcón de la institución con sede en la calle de la Muralla No. 63, entre Oficios e Inquisidor, la Habana Vieja.
Ese mismo día, en la Casa Humboldt, abrirá sus puertas una interesante muestra de los diseñadores Katia Hernández y Enrique Smith, la cual es resultado de un trabajo de desenfoque desde la propia cámara y la derivación es como una pintura. Smith no manipula la imagen sino la cámara y con estos “efectos” Katia ha realizado un audiovisual con imágenes animadas. Un toque especial a este proyecto lo aporta la música que fue, especialmente, compuesta por Ariel Díaz y Lilliana Héctor, ambos trovadores.
La galería del Ambos Mundos, uno de los hoteles preferidos del escritor norteamericano Ernest Hemingway y donde concibió algunas de sus más relevantes novelas, acogerá la exposición fotográfica Sharing dreams / Compartiendo sueños, un proyecto que aglutinó durante cinco años a diseñadores cubanos y norteamericanos y que nació, justamente, al calor de los Salones de Arte Digital.
Esta exposición fotográfica hecha a partir de la experiencia de Sharing dreams / Compartiendo sueños es “ante todo un documento, una memoria de cómo durante estos eventos, los diseñadores que nos visitaban indagaban con sus cámaras en nuestro medio. No se trata de una muestra donde la búsqueda artística sea la prioridad, aquí la primacía es la del valor documental y lo más interesante que revelan estas fotografías es el calor humano y el acercamiento cultural que se estaba llevando a cabo entre diferentes sensibilidades, entre personas de diversa formación e información, entre diferentes mundos”, asegura el curador de la muestra y artista digital Ángel Alonso.
También formará parte de esta muestra un audiovisual que prepara la diseñadora Katia Hernández y que constituye una suerte de memoria del proyecto Sharing dreams / Compartiendo sueños que sobre todo valió para construir puentes entre diseñadores cubanos y norteamericanos.
El Coloquio de Arte Digital, que se efectuará entre el miércoles 4 y el viernes 6, será el momento para la reflexión, el análisis y el debate en torno al desarrollo y el futuro del arte digital y en él participarán, como es habitual, artistas, curadores, diseñadores y estudiosos e investigadores de la materia. Igualmente se impartirán conferencias de los artistas invitados, como Pedro Meyer y Alicia Candiani que presentará el tema Nuevos medios, viejas historias: la presencia de los medios digitales en los circuitos internacionales del arte contemporáneo.
También en la sala de proyecciones del Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC, en el Vedado, se exhibirá una muestra de audiovisuales que participan en el X Salón (del lunes 2 al sábado 7) y el miércoles 4, a las seis de la tarde, se estrenará un audiovisual realizado por Ángel Alonso titulado Dinero y cabezas.
Durante los días del Salón, gracias a los esfuerzos conjuntos del Centro Pablo, Génesis Galerías y el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, se presentará una carpeta que incluye la reproducción de los nueve primeros premios de las ediciones anteriores de los Salones más la identidad del X que fue realizada por el diseñador Héctor Villaverde. Con la materialización de esta carpeta (impresa en cuatricromía) se demuestra que el arte digital es susceptible de ser estampado con resultados altamente estéticos.
También, el ICAIC se ha sumado a la fiesta digital con la impresión de dos carteles; uno de Lerián Jiménez ganador del primer premio en el IX Salón y otro de Villaverde que ha sido concebido, especialmente, a propósito de los diez años de permanencia de los salones.
Se editará, en soporte de papel, el Cuaderno Memoria dedicado a los diez años de arte digital que constituirá un recorrido -rápido, pero abarcador- de cada uno de los salones e incluirá, también, las opiniones de artistas y jurados que nos han acompañado en estos años así como una selección de las obras premiadas.
Igualmente, se puso en línea en este mes de septiembre un nuevo sitio web que contiene información general del evento y en la semana del 2 al 6 noviembre
Canal Habana (de televisión) abrirá su espacio Secuencia (de arte digital) con informaciones diarias, entrevistas a los artistas, los participantes y los jurados del Salón y reflejará lo que acontezca en el coloquio, entre otras informaciones.
Queda, entonces, esperar a que llegue noviembre, mes en que la calle Muralla de La Habana colonial, sede del Centro Pablo, se convierta por derecho propio y bien ganado en la fortaleza del Arte Digital cubano. Bienvenida, pues, esta X edición de los Salones y Coloquios de Arte Digital que, desde sus comienzos, apostó “por la imaginación y la belleza”.
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