Veinte comentarios para diez salones
Los Salones y Coloquios de Arte Digital iniciados por el Centro Pablo en
el año 1999 muestran su pequeña historia apasionada en las palabras
que sirvieron de introducción a cada nueva edición del evento.
Los comentarios que siguen, tomados de esas palabras y colocados
aquí cronológicamente tienen algo de crónica, bastante de reflexión y mucho de memoria.
Con este Salón nuestro Centro ofrece un espacio para mostrar
y para reflexionar –que son dos momentos importantes dentro
del acto creador. A ese doble propósito apunta y apuesta este
Primer Salón de Arte Digital.
Las imágenes están entonces ahí, en paredes y pantallas,
para preguntarnos y para que les preguntemos. Comencemos entonces
ese diálogo brindando por el arte y por la tecnología, es decir,
por el ser humano que los hace posibles.
Creemos que el arte digital es un territorio donde se
muestran, de forma sugerente, muchos rasgos y matices de la
diversidad estética y donde se pone a prueba constantemente
la capacidad creativa frente a las tentaciones de la homogenización del lenguaje artístico.
Maravilla de la cultura viva, que une y reúne,
que anima y aviva las visiones de todos. Para eso, por
vocación y por suerte, estamos aquí.
Nos complace mucho, además, que participen aquí
artistas de varias provincias del país. Todo lo que
amplíe fronteras, abra territorios para el talento y
la creatividad es útil, necesario y bienvenido en el
mundo de las artes (y en el mundo, en general).
Nuestra primera convocatoria internacional ha
recibido las propuestas y los proyectos de más de
ciento cincuenta artistas de América, Europa y Asia.
Realizar cinco salones de una expresión artística
naciente entre nosotros exigió conciencia del riesgo,
capacidad de entrega y vocación de solidaridad.
Un quinquenio después, ya en otro siglo, en otro
milenio, 130 artistas de la Isla han acercado sus visiones
a la sección competitiva de nuestro evento y, ¡qué sorpresa!,
cuando 200 artistas de 39 países han decidido unirse a esta aventura digital.
Hoy nos alegramos de aquel descubrimiento: creaban
(digitalmente), luego existían. Los salones han sido
descubridores de artistas y formadores de público. Han
ofrecido herramientas para aprender a mirar.
De estas experiencias han surgido amigos, enemigos y planetas.
Los salones de arte digital nos han traído, entre otras
maravillas, la vocación por las mixturas, el amor por lo diverso.
Como otras categorías más imprescindibles, el arte
digital ha llegado para quedarse.
La solidaridad puede salvar muchas cosas. Para no
apelar a ejemplos mayores, aquí está este salón, imperfecto
pero vivo, más o menos comprendido por instancias y ojerizas
pero consecuente con su apuesta a favor de la imaginación y la belleza.
Este inventario de asombro –diría el poeta–
no cesa. Para bien, acercamos nuevamente a 194 artistas de 34
países, incluidos en la selección del jurado, entre más de 400 aspirantes.
El Portal Arte Digital Cuba, colocado en los
servidores de Cubarte, conforma el único museo virtual del
arte digital en el continente, con obras de cuatro centenares
de artistas de más de 35 países, entre ellos Cuba.
El X Salón que ya se abre después de estos comentarios
viene a traernos los resultados de este año en el que el
audiovisual ha ganado espacio y altura. Acompañado por
artistas de otros países, este Salón ratifica nuestra
poética/política de sumar inteligencias y voluntades y
derribar fronteras de diverso tipo. Por eso el grabado,
la pintura, el diseño gráfico, la fotografía se hacen
presentes en paredes, pantallas y debates, junto al arte
digital y sus alquimistas, para compartir esta fiesta de
todas y de todos que ya comienza.
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